El ex profesor de la Sección 22 del SNTE, Álvaro Sebastián Ramírez, acusado de pertenecer al Ejército Popular Revolucionario (EPR), aseguró que su detención y posteriormente encarcelamiento durante casi 20 años fue una represalia del Estado mexicano por encabezar la lucha social, a mediados de la década de los 80, para mejorar las condiciones de su pueblo, San Agustín Loxicha.
“Me di cuenta de la pobreza de mi pueblo, entonces me puse el frente porque no podía quedarme de brazos cruzados, pero como castigo me fabricaron delitos”, asentó.
El indígena zapoteco, dijo que como profesor, se vio obligado a incorporarse a la lucha social al percatarse del hambre y la desnutrición de sus alumnos.
“Llegaban sin comer, sin ropa, sin huaraches y así no podían estudiar; se quedaban dormidos”, señaló.
Participó en la integración de la Organización de Pueblos Indígenas Zapotecos Emiliano Zapata (OPIZ-EZ), el 29 de julio de 1984, ante la marginación y pobreza de la mayoría de las comunidades de San Agustín Loxicha.
“Después salieron otras necesidades, agua potable, energía eléctrica, caminos, pero el Estado mexicano no quería que levantáramos la voz y así me fabricaron los delitos”, señaló.
–Se le acusó de participar en el ataque del EPR, el 29 de agosto de 1996 en La Crucecita, pero existen muchos testigos de que usted estaba en su pueblo, ¿no?
–Sí, porque el 28 de agosto se celebra la fiesta del santo patrón del pueblo. Estuvimos todos, toda la noche, además del pueblo a Huatulco está lejos. No podía estar en dos lados al mismo tiempo.
–¿Lo más doloroso de su estadía en la cárcel fue no poder acudir al entierro de su esposa?
–Sin duda, me duele mucho, porque no logré conseguir el permiso para ir al entierro el 17 de marzo de 2016, a pesar de hacer los trámites correspondientes. Nunca me dieron una razón, pero supongo que me consideraban de alta peligrosidad para la sociedad.
Sin embargo, destacó que sale de la cárcel más fortalecido y con una mayor conciencia social por dedicarse durante todos estos años a la lectura.
“La prisión me sirvió de escuela, aprendí muchas cosas; pude leer muchos libros, me preparé. Ahora, tengo una visión más clara; he podido entender la situación actual de Oaxaca y de México, sobre todo que el capitalismo neoliberal está causando destrucción y muerte. Nos está nos está fregando a todos”, apuntó.
–¿Ahora, a qué se va a dedicar?
–A estar con la familia. Adentro, aprendí dos oficios. Posiblemente sea la carpintería, fue lo que más gustó.
"Luché desde adentro"
–Independientemente de la preliberación, la lucha de su familia y de las organizaciones sociales, también influyeron ¿no?
–Sí, claro, gracias a mi hija Éricka, que en ese entonces tenía 15 años, estoy afuera. Yo luché desde adentro por mi libertad y ella, construyó una gran solidaridad nacional y en diferentes países del mundo.
Mis otros hijos fueron hostigados y perseguidos mucho tiempo, por eso tuvieron que irse.
–¿Qué obligaciones le puso el juzgado en su preliberación?
–Presentarme a firmar cada mes y pagar 111 mil pesos como reparación del daño. Pero, para mi es mucho dinero, si apenas vengo saliendo de la cárcel.
–¿Se apartará de la lucha por la libertad de los demás presos?, ¿demandará la libertad del último preso de San Agustín Loxicha, Zacarías Pascual García López?
–Claro, no podemos dejar de demandar su libertad, tengo que hacer algo por lograr también su liberación.
Homicidio calificado...
Álvaro Sebastián Ramírez, de 59 años de edad, identificado por el Estado mexicano como el Comandante Teacher, fue detenido el 26 de diciembre de 1997 y encarcelado por los delitos de homicidio calificado, conspiración, terrorismo, privación ilegal de la libertad, robo, robo de uso y lesiones calificadas, por presuntamente participar en el ataque del EPR en La Crucecita, Huatulco.
Finalmente fue condenado a 27 años de prisión, pero solamente por homicidio calificado y tentativa de homicidio.
Después de 19 años, seis meses y 10 días, obtuvo su libertad por una preliberación concedida por el Juzgado Octavo de Distrito, al cumplirse las dos terceras partes de su sentencia. Aunque deberá presentarse cada mes a firmar y pagar la reparación del daño.
