La filósofa, escritora, periodista y profesora universitaria argentina Tamara Tenenbaum (Buenos Aires, 1989) considera que el único deber de la mujer es el de ser libre. En entrevista, la autora de “Un millón de cuartos propios”, “El fin del amor”, “Nadie vive tan cerca de nadie”, “La última actriz” y “Todas nuestras maldiciones se cumplen” habla de los premios, de sus lecturas, de sus procesos de escritura y de los cuartos propios, aludiendo al ensayo de Virginia Woolf, el cual tradujo y del cual se desprende el libro que el Premio Paidós 2025.
En este ensayo Tenenbaum reflexiona sobre otras formas posibles de vivir en el siglo 21 y que declara la importancia de la belleza y el trabajo como productores de igualdad y libertad. En entrevista exclusiva responde a varias preguntas sobre su escritura y sus temas.
¿Qué representan los premios para ti?
“Lo importante de un premio para mí, obviamente, es ganarlo. En general lo más importante es que es una buena excusa para terminar algo. Porque una, a veces, empieza cosas y no las termina, las abandona en la mitad y piensas: -Bueno, esto no sirve para nada-.
Así que creo que lo bueno de ponerse el objetivo de un premio es decir: -Yo insisto con esta idea. Incluso si no estoy tan convencida. Entonces para mí es un buen estímulo, así que por eso me presento en un montón de concursos y bueno, ganar uno cada tanto es bueno”.
Para “Un millón de cuartos propios”, ensayo para un tiempo ajeno, tenías anotaciones del libro de Virginia ¿cómo fue ese proceso, cómo decidir primero escribir un libro sobre una habitación propia?
“Bueno, la verdad que yo me había puesto a traducir ese libro porque me lo habían pedido y en la mitad me di cuenta mientras tomaba notas, así como de las notas que tomo siempre cuando estoy traduciendo un libro, que quizás acá había más que un par de notas de traducción.
Y probablemente se trataba de algo que que podía ser, además porque justamente lo que me llamó la atención era lo actual, que era un por tu propia ley me di cuenta que lo que yo quería era escribir un libro que fuera más un libro sobre la actualidad para pensar la época, no pensado solamente para lectores y lectoras de Virginia Woolf, sin un libro que tomara los temas de Virginia Woolf, pero sobre todo se preocupara por por su supervivencia en la actualidad”.
¿Cómo definiste los temas que ibas a abordar para este ensayo?
La verdad que mientras tomaba eso, notas de traducción, iba anotando los temas que más me interesaban y después fui a buscar en esas notas cuáles eran los temas que hoy tenían un sentido importante, en la actualidad, como el tema del resentimiento, de la nostalgia, el trabajo o el dinero. Sentí que justo eran temas de los que estábamos todos hablando mucho más allá de Virginia Woolf, entonces traté de que los temas que daban título a los capítulos fueran esos, temas que yo sentía que se estaban conversando mucho”.
¿Cuáles son las lecturas que haces tú regularmente?
No sé si tengo memoria… Iba a decir Louisa May Alcott por “Mujercitas”, pero en realidad hay muchas autoras argentinas de libros infantiles, como María Elena Walsh, a quien leí siendo muy muy pequeña, entonces diría que no sabría decir cuál fue la primera mujer a la que leí, pero que sí leo muchísimas autoras mujeres, desde que soy muy chica.
Por suerte creo que en la literatura argentina, especialmente en la literatura infantil, hay mucho. Entonces creo que los niños se acostumbran desde muy pronto a que las mujeres son escritoras.
¿Cómo fueron tus primeros pasos en la escritura?
“Es muy difícil pensar en eso porque una escribe, escribe todo el tiempo, todo el mundo escribe ¿no? No es como tocar un instrumento, que hay que aprender a hacerlo. Todo el mundo escribe todo el tiempo entonces, supongo que empecé escribiendo en la universidad y ahí empecé a pensar más seriamente en hacerlo, pero no tengo una historia muy romántica con eso”.
En el proceso de decidir sobre qué escribir ¿cómo concibes tú una obra para ser literaria o publicable?
“Yo creo que el ensayo en mi caso también se nutre mucho de lo que voy haciendo en las columnas como periodista, bueno, más que como periodista, como columnista, que en el fondo son pequeños ensayos. Desde hace cinco años hago una columna en el Diario AR, que me sirvió mucho para ir mejorando mi estilo de ensayista, que es un estilo muy conversacional, como si le estuviera contando algo a un amigo.
Eso sí es un trabajo, quiero decir que para que algo suene natural, fluido y ligero, en general hay que trabajarlo mucho, porque lo primero que le sale a la gente es aburrido. Para que las cosas fluyan, hay que ir pensando cuál es la voz que una va a trabajar en un libro. Es un trabajo que hay que pensar”.
¿Cómo es tu ambiente cuando escribes? ¿Cómo es el proceso para ti?
En mi caso estoy leyendo todo el tiempo y trabajando con distintos autores, distintas referencias. A veces los voy a citar y a veces es sencillamente algo que me sirve para alimentarme; aunque después no lo vaya a citar, me sirve para pensar.
Pero creo que sí, que escribir literatura o lo que fuera es siempre estar empapado de otra literatura que está sucediendo.
En el caso de “El fin del amor”, ¿de qué te alimentaste o nutriste tú para escribir ese ensayo?
No recuerdo mucho, pero quizás sí, me nutrí de mucha literatura, de muchas cosas que están escritas, pero también de muchas conversaciones que están sucediendo ya hace varios años.
Sí, creo que es tanto de bibliografía como de la sensación de lo que se conversaba a mi alrededor.
¿A qué autoras mexicanas lees?
Leo siempre a Guadalupe Nettel, Brenda Navarro, Brenda Lozano, Valeria Luiselli y ahora a Aura García Junco; siempre estoy viendo qué están haciendo y qué es de ellas.
De aquí de Argentina bueno, a un montón de autoras como: María Gainza, Marina Yuszczuk, Cecilia Pavón, Mariana Enríquez y Samanta Schweblin. Por suerte están pasando un montón de cosas en la literatura latinoamericana, diría que las mujeres son protagonistas de los últimos 10 años.
Lo más importante es que haya cada vez más mujeres escribiendo, lo que no creo es que haya temas que sea importante que una ponga sobre la mesa, porque si no es como si una por ser mujer tuviera el deber de poner la violencia sobre la mesa. Creo que no es un deber, creo que el deber de la mujer es escribir lo que quiera escribir. Que eso es un poco lo que dice Virginia.
Volviendo a Virginia ¿cuál es tu habitación propia o cuál es una de tus habitaciones propias?
Lo más importante de la habitación propia es la metáfora de tener tiempo y privacidad y, yo por suerte, las tengo.
Tamara Tenenbaum está trabajando ahora mismo en varios guiones para cine. Sobre el amor de pareja hoy cree que puede ser algo prescindible. De las últimas películas que ha visto, se inclinó por “Queer”, de Luca Guadagnino, la cual calificó de muy buena y por último envió un mensaje a las nuevas generaciones: “Lo único que debería ser una mujer: es ser libre.
Tamara Tenenbaum
Es licenciada en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires en donde se desempeña como docente. Enseña, además, escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Como periodista, colabora en La Nación, Infobae, Anfibia, Orsai y Vice, entre otros medios.
En 2017 publicó el libro de poemas “Reconocimiento de terreno” y en 2018 ganó el premio Ficciones al mejor libro de cuentos inéditos, otorgado por el Ministerio de Cultura de Argentina, por “Nadie vive tan cerca de nadie”.
Obtuvo el Premio Cóndor de Plata a las Series por Mejor Guion Adaptado.
Este 2025 ganó el Premio Paidós con su ensayo “Un millón de cuartos propios”.
