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La masacre de My Lai

Foto(s): Cortesía
Redacción

El 16 de marzo de 1968, la Compañía C del 1º Batallón de la 20ª División de Infantería, y la Compañía B del 4º Batallón de la 3ª División de Infantería, enmarcadas en la “Task Force Barker” lanzaron un asalto aéreo de “búsqueda y destrucción” en el área de la aldea de Son My, al este del Distrito de Son Tinh, Vietnam del Sur.


Tras despejar el área de aterrizaje con el fuego de los helicópteros artillados, ambas compañías se prepararon para descender y encaminarse a sus respectivos objetivos.


El objetivo de la Compañía C era eliminar a las tropas del 48º batallón del Vietcong, que según los servicios de inteligencia, tenían su base en una aldea denominada en clave como My Lai-4. 


Tras descender de los helicópteros en el área designada y no encontrar resistencia, el capitán Ernest L. Medina ordenó un movimiento envolvente para tomar la aldea, la 2ª sección avanzaría desde el norte, mientras, la 1ª sección entraría en el poblado por el sur.


Tras llegar a su destino sin encontrar rastro del enemigo, la 2ª sección empezó, sin motivo evidente, a abatir a los campesinos que se encontraba a su paso, arrasando la mitad norte del poblado, arrojando granadas dentro de las chozas y matando a los vietnamitas que salían de ellas.


Las mujeres jóvenes fueron violadas para después ser asesinadas fríamente. Tras acabar con todo ser vivo, la 2ª sección se trasladó 30 minutos después al poblado de Bihn Tay, donde continuaron las violaciones y matanzas de civiles. 


Mientras tanto, la 1ª sección, bajo las órdenes del teniente William L. Cassey emulando a sus compañeros de la 2ª sección, arrasó la zona sur de My Lai, disparando a todo lo que se movía y violando a las mujeres para después ejecutarlas. Ni siquiera el ganado se salvó, los soldados norteamericanos acabaron con los animales y quemaron los cultivos y chozas.


Todos los aldeanos que habían sobrevivido a los primeros ataques fueron reunidos en una zanja de regadío. Mientras se les mantenía allí dentro, el teniente Cassey empezó a interrogarles sobre las posiciones del Vietcong.


Mientras el teniente interrogaba a un monje budista, un niño de unos 2 años de edad salio de la zanja de la acequia, el teniente lo arrojó dentro de la zanja y lo mató de un disparo. Tras eso y cansado del interrogatorio ejecutó al monje y ordenó a un soldado que abatiera a los prisioneros con su ametralladora, el soldado se negó, y Cassey le apuntó con su fusil M-16, amenazando con matarlo por desobedecer sus órdenes. 


Tras eso todos los soldados desataron una lluvia de fuego sobre la acequia, matando a todos los que estaban dentro. Los horrores de la guerra El capitán Medina al escuchar el violento fuego, pensó que el enemigo estaba contraatacando y ordenó a la 3ª sección que avanzara hacia el poblado para reforzar al resto de secciones.


La 3ª sección “termino el trabajo”, pese a que muchos soldados estaban horrorizados por las escenas del pueblo, remataron a los aldeanos malheridos y terminaron de quemar lo que aún no había ardido.


En total, murieron más de 500 personas, 100 de ellas en la acequia, todos eran ancianos, mujeres y niños. El capitán Medina informó que habían contado 90 cuerpos de Vietcong.


El oficial de prensa de la 11ª División anunció que se había dado muerte a 128 enemigos, se habían capturado valiosos prisioneros y se había incautado varias armas. Según el mismo informe, durante la acción, 20 civiles vietnamitas resultaron muertos a consecuencia de “quedar atrapados en el área de batalla”.  


Este informe constituía una mentira verdaderamente escandalosa, ya que contabilizaba a las mujeres y niños asesinados como “vietcong”, pero algo tan vergonzoso no podría ocultarse por mucho tiempo, la matanza no quedaría impune ni sería silenciada por el ejército, la fortuna quiso que dos periodistas se encontraran acompañando a la sección de Calley, el fotógrafo Ronald Haeberle y el periodista Jay Roberts.


Ambos, fueron testigos directos de la matanza y sus relatos son estremecedores: “Minutos después de entrar a My Lai, un soldado apuñaló con su bayoneta a un granjero vietnamita de mediana edad, sin ninguna razón aparente.


Luego, mientras la víctima estaba en el suelo jadeando para respirar, el soldado lo remató.  Un soldado encontró a una joven mujer con un niño de unos cuatro años de edad. La obligó a satisfacer sus deseos sexuales mientras apuntaba con su arma a la cabeza del niño, amenazando con matarlo.


Otro soldado, que acababa de violar a una joven, la metió el cañón de su M16 en la vagina y apretó el gatillo. Un jefe de escuadra dijo a sus soldados que no le gustaba lo que estaban haciendo, pero que había que cumplir las órdenes.  Cuando un sargento sudvietnamita que hacia de interprete preguntó al Capitán Medina por qué habían matado a tantos civiles, éste le respondió: “Sargento Minh, no pregunte nada, esas fueron las órdenes.”


Gradualmente, las noticias se fueron divulgando Los hombres de la Compañía C pregonaban orgullosos su victoria en My Lai. Los Vietcong distribuyeron panfletos denunciando aquella atrocidad y el Ejército investigó con indiferencia los rumores de la masacre, que se habían extendido a través de toda la cadena de mando, pero se decidió que no había fundamentos suficientes para una investigación. 


Ronald Ridenhour, escuchó también los rumores de la masacre y se interesó por el caso. Reunió a algunos miembros de la Compañía C, entre los que se encontraba el objetor más destacado de aquella atrocidad, Michael Bernhardt. A medida que llegaban los informes, la euforia inicial se iba diluyendo.


Ridenhour reunió las declaraciones, aunque estaba seguro de que si las presentaba al Ejército se volvería a realizar una investigación superficial y otra vez todo quedaría encubierto. No obstante, cuando volvió a casa después de su periodo de servicio, se dio cuenta de que le era imposible olvidar todo lo que había oído.


Así que escribió una carta describiendo los testimonios que había reunido y envió 30 copias a los políticos más importantes. El congresista Morris Udall, de Arizona, presionó al Ejército para que enviara un equipo de investigación a entrevistarse con Ridenhour. Seis meses más tarde y unos dieciocho meses después de la matanza, el teniente Calley fue acusado de asesinato.


La ferocidad del comandande Calley El teniente Calley fue condenado por los actos de My Lai, pero sólo cumplió tres años bajo arresto domiciliario pues fue indultado por el presidente Richard Nixon. My Lai fue la portada de los estadounidenses que marcharon y organizaron protestas contra la guerra de Vietnam y todas sus injusticias.


Se presentaron cargos - contra 12 oficiales y soldados más. Sólo cinco fueron llevados a juicio, ninguno fue condenado. Una docena de oficiales, entre los que se encontraba el comandante de la división de Calley , el general de división Samuel W. Koster, fueron acusados por su participación como encubridores. Ninguno fue declarado culpable.

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