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El ataque perpetrado por Andrew Kehoe

Foto(s): Cortesía
Redacción

Andrew Philip Kehoe nació el 1 de Febrero de 1872 en Tecumseh (estado de Michigan) en una familia de campo. Su madre natural falleció en el año 1877, cuando él tenía 5 años. Su padre volvería a casarse poco después con una señora con la que Andrew discutía a menudo.


En el año 1886 la estufa de petróleo que tenían en casa explotó, empapando a la madrastra de Andrew. Ella comenzó a arder y el joven al parecer se recreó durante unos instantes antes de tirarle un cubo de agua encima para apagar las llamas; ella moriría poco después a causa de las graves heridas que el fuego le había causado.


Los meses previos al ataque


Andrew fue a la Universidad Estatal de Michigan, donde conocería a la que sería su mujer, Ellen Price, hija de una familia de Lansing que estaba muy acomodada económinamente. Se casaron en el año 1912, y en torno a 1919 adquirieron una plantación en las cercanías del pueblo de Bath.


Como tenía una reputación de ser algo tacaño, lo acabaron eligiendo como tesorero del instituto de la comunidad en 1924. Desde esa posición intentaba una y otra vez convencer al ayuntamiento de la localidad de que rebajara los impuestos puesto que los consideraba abusivos.


Uno de los argumentos que esgrimía era que la posición económica de su familia (que había sido alta pero estaba de capa caída) se debía a la mala gestión económica del superintendente Emory Huyck, su gran enemigo. En el año 1925 fue nombrado Secretario del ayuntamiento, aunque no logró mantener el cargo tras las elecciones.


A esto hay que añadirle que su esposa tenía tuberculosis crónica, y sus continuas estancias en el hospital mermaban notoriamente la economía familiar.


Andrew hacía poco que había cancelado sus pagos hipotecarios, y el encargado del banco había iniciado un proceso de deshaucio contra la familia Kehoe.


El atentado más mortífero


El 18 de Mayo de 1927, Andrew asesinó de dos disparos a su esposa y luego le prendió fuego a la casa. Cuando los bomberos llegaron, se las ingenió para desaparecer del lugar y llegar hasta la escuela, donde accionó una bomba que había preparado con anterioridad.


En aquella explosión murieron 45 personas (casi todos niños) y resultaron heridas 58 personas más. Andrew había aprovechado habilidad como albañil y electricista para que le encargaran unas reformas dentro del recinto, y durante esas obras se las ingenió para introducir el material explosivo sin que nadie se diese cuenta.


Tras la explosión, los equipos de emergencia comenzaron a agolparse delante de la escuela, y en ese momento Andrew detuvo su coche y accionó otro dispositivo, que hizo que su coche estallase literalmente. En ese momento, también él murió, junto con su odiado superintendente y otras tres personas. Como nota de despedida, había dejado un letrero en la valla de su granja.


Posteriores investigaciones descubrieron otro buen depósito de explosivos en otra parte del instituto, que de haber estallado hubiesen provocado una matanza aún mayor. También se descubrieron explosivos en su casa y, según el peritaje, por el importe de los explosivos del instituto y los que todavía había en su casa hubiese podido pagar con holgura la hipoteca que pendía sobre sus propiedades.


A este suceso se conoce como “El desastre del instituto de Bath”.


En esa época, entre voluntarios y curiosos terminaron sumando más de 50,000 personas que abarrotaron las pequeñas calles del pueblo causando inmensos congestionamientos viales. La escuela fue reconstruida y se mantuvo en funciones hasta la década de 1970, cuando fue demolida. Hoy no queda más que un monumento en el lugar original de la tragedia.

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