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El asesinato de Gladys Ricart

Foto(s): Cortesía
Redacción

Agustín García nació en 1952 en República Dominicana. Desde muy niño emigró a Estados Unidos, estableciéndose en Nueva York. A base de trabajo duro, poco a poco se forjó nombre y fortuna. Durante la década de los ochenta.


Fundó una agencia de servicios múltiples en la calle 173 y Avenida Saint Nicholas, en la que también creó el periódico bilingüe Dominicana USA.Vivía en la zona de Washington Heights; era un padre soltero, exitoso hombre de negocios.


En 1996, como Gran Mariscal del Desfile del Día Dominicano, se vanagloriaba de los vítores de miles de personas.


Una persona que no le gustaba perder


Mientras Agustín García proyectaba sin inhibiciones una enorme confianza en sí mismo, Gladys Ricart era totalmente insegura. Una madre soltera que vivía con el seguro de desempleo, que estaba impresionada por el aplomo de García cuando él le entregó una tarjeta de presentación en 1989, mientras ambos viajaban en el metro. Recién divorciada y madre de dos niños en North Bergen, Nueva Jersey.


En 1990, Gladys Ricart se libró de la asistencia pública y encontró un trabajo como empleada de archivo en una agencia de viajes en Manhattan: CTN Tours. Más tarde obtuvo un grado de Contabilidad y fue promovida a gerente de cuentas por pagar.


Agustín García y ella muy pronto se hicieron amantes. Ya con un sueldo fijo y con la ayuda de Agustín, Gladys Ricart compró una casa en Ridgefield, Nueva Jersey.


Agustín la llevaba a eventos de alto perfil, así, ella pudo salir de su reducido círculo de amistades.Pero Gladys estaba decepcionada por las continuas infidelidades de Agustín.


La relación llegó a su punto más bajo en 1998, cuando García le apuntó con un arma a Gladys durante una pelea. A principios de 1999, harta de una aventura que García estaba teniendo, Gladys rompió su relación con él.


En marzo, mientras compraba un almuerzo cerca de su oficina en el distrito de Flatiron, conoció a James L. Preston Jr., de 36 años, un contador que trabajaba en la calle. Dos meses más tarde ya estaban comprometidos.


Pero Agustín García insistía en buscar a Gladys en el trabajo y en su casa, pidiéndole otra oportunidad. Con el tiempo, se volvió cada vez más violento.Unas semanas más tarde, llegó de nuevo mientras Preston estaba allí, y golpeó las puertas y ventanas. La policía fue llamada, pero Gladys se negó a presentar cargos.


García, un hombre vengativo


Gladys llegó a decirle a varios conocidos suyos: “Si un día no aparezco, él es el único que lo hizo”. Algunas versiones aseguraban que el día antes de su boda, Gladys y Agustín habían ido de compras y que después durmieron juntos en un motel. El 26 de septiembre de 1999, el día de la boda llegó. Gladys estaba radiante y feliz. También estaba abrumada, preocupada por García. Ella no le había dicho sus planes nupciales.


La boda del año, convertida en una tragedia


Previo a la boda, se fotografiaron y grabaron en video todos los detalles del acontecimiento: las damas de honor y los padrinos de boda esperaban afuera a los novios. Ese día, varias personas vieron a Agustín García merodear cerca de la casa, pero estuvieron de acuerdo en no decir nada a Gladys. Ese error le costaría la vida.


Momentos más tarde, Agustín García se dirigió hasta la puerta principal de la casa. Llevaba un traje y un maletín.


Gladys estaba de pie con su vestido de novia de encaje blanco, rodeada de sus amigos y familia, en la sala de su casa en Nueva Jersey.


Agustín entró a la estancia por sorpresa, sacó un revólver de seis tiros Smith & Wesson, calibre .38, y le disparó a Gladys. El camarógrafo captó el instante del ataque y la expresión de terror en los ojos de la novia.


Su hermano, Juan Ricart, se abalanzó sobre García para intentar detenerlo. Agustín cayó al suelo mientras Gladys convulsionaba y quedaba muerta segundos después. De los cinco disparos, tres dieron en el blanco: uno en la espalda, uno en el brazo derecho y uno en la cabeza.


García y Juan Ricart siguieron forcejeando por la posesión del arma, a unos metros del cadáver de Gladys. Durante la lucha, su ex cuñado, logró someterlo.


Cuando la policía llegó unos minutos más tarde, García estaba en la puerta. Se había quitado el saco y la camisa. Lo detuvieron allí mismo.


El lugar era un caos: la gente corría, las mujeres lloraban, los hombres se mostraban desesperados. El novio, abatido, se sentó en la banqueta, a la sombra de un árbol. Agustín justificó lo que hizo diciendo que era por amor y a causa de la desesperación por perderla.


El funeral de Gladys atrajo un flujo constante de dolientes en el Ortiz Funeral Home, en el Alto Manhattan, incluidos los policías que investigaban el homicidio. Yacía en su ataúd vistiendo el traje de novia ensangrentado con el cual había sido asesinada.


El día siguiente del asesinato, la familia y el novio de Gladys viajaron a la República Dominicana, donde fue sepultada vestida con su traje de novia ensangrentado, en la ciudad de su nacimiento: Tamboril. Poco después, el juicio de García comenzaba.


El fiscal buscaba que a García le dieran la pena de muerte, pero sus abogados lucharon con todo para evitarlo. Los abogados de García argumentaron que el shock producido por el casamiento de su amante con otro hombre, había provocado "locura temporal".


En 2002, el empresario fue condenado en la Corte Superior del Condado Bergen a cadena perpetua por asesinato en primer grado. El jurado fue influenciado por el video en el que quedó grabado el incidente, y lo declararon culpable de ese cargo sin titubeos. Para cuando el juicio terminó, García tenía 61 años de edad.


“La Marcha de las Novias”


Después del asesinato de Gladys, su muerte fue tomada como un símbolo de lucha en contra de la violencia doméstica. El 26 de septiembre de 2000, en el primer aniversario de la muerte de Gladys, una mujer de Miami llamada Josie Ashton voló a Nueva York, se puso su traje de novia e inició lo que se convertiría en una tradición anual: “La Marcha de las Novias”.


El evento se transformó en una protesta feminista que avanza desde Washington Heights hasta Florida, con la intención de despertar la conciencia colectiva acerca de las graves circunstancias de la violencia de género. Esta marcha tiene lugar en otras ciudades estadounidenses e inclusive en otros países.

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