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Christine Falling, la nana asesina

Foto(s): Cortesía
Esteban Marcial

Dejar en manos de un extraño el tesoro que salió de tus entrañas, como son los hijos, no es nada fácil, pues quedan propensos a sufrir maltratos o “accidentes fatales” que los arranquen de tu lado gracias a las manos de una asesina macabra.


Christine Falling era una cándida chica que se ganaba la vida cuidando pequeños en un pueblo del estado de Florida, en Estados Unidos. En sus manos se esfumó la vida de al menos tres niños víctimas de su maldad.


Una mezcla entre delirios y profunda sed de sangre fueron las causas que la convirtieron en una mujer desalmada y terriblemente peligrosa para los inocentes que estaban bajo su cuidado.


Vida sin sentimientos


Christine nació en 1963, producto de la unión de una chica de 16 años y un hombre de 65 años, cuyo amor terminó y como resultado la bebé fue dada en adopción.


Por consiguiente, un matrimonio la crió, pero años después comenzó a tener dificultades con ellos y ella regresó con su madre biológica.


Umbral del mal


En 1977, Christine, de 14 años y con 100 kilos, se casó con un chico que apenas conocía. Su amor duró solo seis semanas y se vio obligada a mantenerse sola. La crisis la atacó y sin nada que hacer decide cuidar niños porque según esto le salía perfecto y no ameritaba tanto esfuerzo.


De a poco comenzó a conseguir trabajo y el 25 de febrero de 1980, Christine estaba cuidando una niña de dos años que perdió el conocimiento.


Christine explicó que se había caído de la cuna, lo que ocasionó su muerte; ella estaba muy triste y las sospechas nunca se enfocaron en ella.


Asesina macabra


El 2 de julio de 1982, la joven quedó al cuidado de un bebé de 10 meses toda la noche. Según ella, cuando se despertó la criatura estaba muerta.


La autopsia determinó que la muerte se había producido por la falta de oxígeno, además el niño tenía heridas internas, indicando que había sido ahogado. Recién ahí sospecharon de ella por las otras muertes producidas en dos años y medio de criaturas que ella cuidaba.


Confesión desgarradora


Christine confesó algunos de los asesinatos con razones descabelladas y terribles como: “No sé por qué lo hice, no me gustaba, parecía sencillo, pero no lo era”.


“Le puse una mantita sobre su cara y una voz me decía dentro de mí, ‘mata al bebé’, una y otra vez”, expresó.


Llegó a decir que estaba poseída y que por eso se morían los niños que estaban a su alrededor. Lo insólito es que nadie sospechaba de ella, porque “los quería tanto”.


Condena final


Tras el resultado de la autopsia fue alojada primero en un hospital psiquiátrico, mientras continuaba la investigación y se determinó que era imputable, es decir, que sabía lo que hacía, por lo que fue trasladada a una cárcel común.


La niñera nunca pudo recuperar su libertad. Para evitar la pena de muerte Christine hizo un trato donde se declaró culpable por el asesinato de Cassidy Johnson, de 2 años; Jennifer Daniels, también de 2 años, y Travis Coleman, de 10 meses.


Finalmente, las autoridades le dieron una sentencia a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

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