Marcelo Antelo es un asesino en serie argentino responsable de al menos cuatro asesinatos cometidos en el barrio del Bajo Flores entre febrero y agosto de 2010.
Se cree que sacrificó a sus víctimas en asesinatos rituales en nombre del santo pagano San La Muerte.
Fue sentenciado a cadena perpetua por los asesinatos de cuatro personas, aunque se cree que llegó a matar a muchas más.
Infancia entre alcoholismo y drogas
Marcelito, como le decían sus conocidos, creció en un hogar disfuncional: su abuela era alcohólica, su padre era un adicto a las drogas, y su madre lo golpeaba repetidas veces.
Fue echado de su hogar después de que su madre descubriera que era adicto. Tras ser abandonado por su familia, fue a vivir con su tío, el cual luego sería asesinado en un ajuste de cuentas.
Pasó su adolescencia en varios centros de rehabilitación, donde no pudo curarse de su adicción.
A los 20 años, su novia embarazada lo echó de la casa después de que él la golpeara.
Marcelo se convirtió en un indigente, se unió a una iglesia llamada "Iglesia de Dios en Fuerza" para obtener un techo donde vivir.
Pero no pudo seguir debido a que no logró curarse de su adicción a las drogas. Se adentró en el narcotráfico, donde fue herido y perdió un riñón en un tiroteo.
Cadena de asesinatos y robos
El 21 de febrero de 2010, Marcelo intentó asesinar a Jorge Díaz en un supuesto asalto. Díaz sobrevivió y Marcelo fue condenado por intento de asesinato y robo, pero fue liberado a las pocas semanas.
Rodrigo Ezcurra era un estudiante de filosofía de 27 años, que también había estudiado derecho. Consumía drogas y había empezado una terapia para dejarlas, tan solo dos meses antes de ser asesinado.
El 11 de abril de 2010 cerca de las 2 de la madrugada, Rodrigo sería abordado por Marcelo Antelo y otros cinco chicos no identificados, quienes le apuntaron con un arma y le robaron las pertenencias.
A pesar de no oponer resistencia, Marcelo lo ejecutó de un disparo en el pecho antes de darse a la fuga. El hecho fue grabado por un testigo.
El 24 de junio de 2010, Marcelo se encontró en la calle a Darío Romero, un amigo que lo dejó vivir en su casa.
Marcelo gritó su nombre y acto seguido le disparó con una escopeta. Darío sobrevivió al ataque y Marcelo fue condenado por el intento de asesinato, pero, de nuevo, fue liberado a las pocas semanas.
El 8 de agosto de 2010, Marcelo decidió asesinar a Jorge Mansilla, un ex amigo que lo echó de su departamento por su adicción a las drogas. Marcelo tocó el timbre y cuando Mansilla abrió lo asesinó rápidamente de un disparo en el pecho.
Horas después, Marcelo le disparó al mecánico Mario Jorge Quiero después de que tratara de cobrarle una deuda. Se cree que Marcelo intentó rematarlo, pero se dio a la fuga tras darse cuenta de que estaba siendo visto por unos testigos.
Unos días después, el 15 de agosto, Marcelo se cruzó en la calle con dos conocidos, Pablo Zaniuk y Marcelo Cabrera. Al instante Marcelo sacó su arma y mató a Pablo de un disparo en la cabeza y luego asesinó a Marcelo de nueve disparos.
Marcelo también fue llevado a juicio por el asesinato de Santos Valeroso Vargas, pero no fue encontrado culpable.
También es sospechoso de haber asesinado al vagabundo Pablo Villa y a un joven no identificado conocido como el Diablo, quienes fueron ejecutados de un disparo en la cabeza y posteriormente quemados. Es muy probable que Marcelo haya cometidos más asesinatos que nunca se hicieron públicos.
Detención y juicio del multihomicida
Marcelo fue detenido a finales de agosto de 2010. Su juicio empezó el 6 de agosto de 2012.
Al ser citados ante el tribunal, muchos de los testigos tuvieron temor de reafirmar lo que habían sostenido en la instrucción, según dijeron, porque habían recibido amenazas.
Muchos de ellos continúan viviendo en el mismo barrio, el territorio en el que Marcelito, según la acusación, desplegó su cadena de delitos y homicidios entre febrero y agosto de 2010.
En dicho juicio, Marcelo negó conocer al santo pagano y alegó haber sido inculpado injustamente por la Policía, afirmado que le habían implantado un arma en su apartamento.
“Yo jamás creí en un santo”, había dicho Antelo. En el sumario policial del caso figura que, pidiendo protección y drogas, le prometía los crímenes a La Muerte, un santo pagano con muchos adeptos en la vida carcelaria.
No obstante, el jurado no creyó en su inocencia debido a la gran cantidad de pruebas en su contra, entre las que se encontraban los relatos de una decena de testigos, las pruebas balísticas y la grabación de la muerte de Rodrigo Ezcurra que un testigo realizó.
La pistola, una 9 milímetros que había sido robada a un agente, fue la misma que se usó para cometer cuatro de los asesinatos ventilados en el debate, y otros casos en los que las víctimas resultaron heridas.
El juez Federico Salvá lo condenó a cadena perpetua, lo que no generó ninguna reacción emocional por parte de Marcelo.



