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Veredas de San José del Pacífico

Foto(s): Cortesía
Redacción

En otoño, los angostos caminos bañados por el sol que comunican las casas más alejadas del pueblo, o las rancherías cercanas, están bordeados por una infinidad de flores silvestres, estas parecen serpientes reptando por doquier entre una festiva y mágica explosión de colores. Los dulces aromas de las flores y sus tonalidades, atraen, a unas pequeñas mariposas que son perennes aún en época de frío, y vuelan casi siempre en pareja. Las hay amarillas, blancas y azules, a diferencia de las enormes mariposas de primavera que sin temor se dejan fotografiar al gusto del observador, estás son huidizas y de rápido aleteo.


Otras fragancias llaman a los colibríes o chupa rosas, estas pequeñas aves en ocasiones parecen provocarte con un juego, si esto pasa, seguro que te
acompañarán durante todo tu recorrido. Ellos suspenden su vuelo por unos segundos frente a ti, esto da oportunidad de admirar el rapidísimo batir de sus frágiles y poderosas alas, para luego escapar y volverse a detener en lo que parece una invitación a seguirlos, emitiendo una cadena de sonidos cortos que es su canto. Otros aromas y colores llaman en especial a los abejorros. Con prudencia podrás mirar y grabar su hipnótico vuelo y peculiar sonido.


Cuando las nubes bajan y son densas, se ve como si los colores emergieran entre copos de nieve; si es ligera, aquello toma tintes fantasmales; si hay sol, su ocaso da una tonalidad dorada o roja al ambiente y entonces las flores la reflejan como si fuera una dramática escenografía.


Existe una magnifica diversidad de asteráceas, la mayoría de colores vivos, cada una con un nombre especial, por ejemplo, el romerillo blanco que al parecer tiene grandes propiedades medicinales y las amarillas llamadas yupte, acahual, biden, aceitillo y pericón entre otras. Es un deleite observar las flores en forma de gusano, como el aterciopelado romerillo morado o polystachya, si cortas algunas flores con todo y hojas de esta planta, las guardas dentro de una bolsa de papel o plástico, la sellas bien y después de un mes, las sacas, te llevarás una aromática sorpresa, puedes ponerlas en bolsitas de tela para perfumar tu clóset.


Hay otras flores de tallo muy delgado, de cada tallo salen a su vez filamentos coronados con una pequeñísima flor blanca, formando ramitos de más de veinte florecitas, la llaman encaje, en honor a su delicada forma. Cuando esta planta se propaga en los terrenos y el aire las mece, forman ondas rítmicas que semejan la neblina que por las tardes se extiende sobre las montañas. Las salvias, rojas, anaranjadas, moradas, son muy diferentes entre sí, cada una con su especial perfume, si succionas una de sus pequeñas flores, obtendrás para tu paladar un suave néctar.


Muy afortunados seremos, si la mano civilizadora no penetra estos senderos semi ocultos. Las plantas del campo estarán a salvo, no sabemos por cuánto tiempo más. La diversidad floral de esta zona de la sierra sur de Oaxaca, nuestro hermoso estado, merece ser considerada y protegida.


“Cuando las nubes bajan y son densas, se ve como si los colores emergieran entre copos de nieve”.


"Es un deleite observar las flores en forma de gusano, como el aterciopelado romerillo morado o polystachya, si cortas algunas flores con todo y hojas de esta planta, las guardas dentro de una bolsa de papel o plástico, la sellas bien y después de un mes, las sacas".


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