Última de dos partes / Alejandro José Ortiz Sampablo
Una vez hecha la parada emergente en la serie del presente par de notas, prosigamos. En la última charla con mi colega Jesús, comentábamos lo ambicioso que es este proyecto; por un lado, mantendremos el compromiso de presentar el rostro freudiano del psicoanálisis y por el otro, como consecuencia de dicha postura, realizar una revolución de las conciencias.
El tema que escogimos para inaugurar este recorrido cumple varias directrices; la principal, poner en tensión el lugar de los psicoanalistas participantes, pues no nos ocultaremos en términos oscuros que muchas veces el asistente a este tipo de eventos no logra comprender y solo queda anonadado por el saber supuesto que emana de quien habla.
Los hombres en el amor
Esta entrada será la llave para hablar de lo femenino, el pretexto para comenzar a esclarecer los fantasmas psíquicos desde los cuales la mujer se atrapa en el amor. Para quienes me conocen, no les serán ajenas las siguientes dos frases, pues en los últimos meses las menciono de manera recurrente.
La primera: En la escala del desarrollo psíquico, los hombres nos encontramos en uno de los niveles más bajos, pues nos quedamos anclados en el principio de placer como consecuencia del encuentro con el placer de órgano y la supremacía que este (el pene) alcanza en la vida anímica del niño. No faltarán quienes rechacen tal premisa, pero las conductas que de ello se decantan, en ocasiones no dejan duda de dicha aseveración. Lo mencionado pareciera entra en plena oposición con los logros que en la cultura y la modernidad hemos alcanzado; pero esto también tiene explicación puntual y por otro lado, el que el hombre se quede en el anclaje aludido, no significa que pueda dar un salto cualitativo precisamente desde ese lugar y tendencia, conservar su placer de órgano.
La caída del hombre
De lo anterior aparece la segunda frase: De un tiempo determinado a la fecha, no me es posible hablar en pro de mi raza (el hombre). Desde finales del siglo pasado, la caída del hombre ha sido de manera libre y estrepitosa; así mismo, hemos de agregar que el discurso feminista (sin hacer un distingo particular) al parecer le ha dejado buenos dividendos, entre el que sobresale, que tanto para el amor y el placer sexual el hombre no requiere realizar pago alguno; vale la pena aclarar que no me refiero al gasto monetario y de esfuerzo que implica el tener pareja, que por regla general es lo primero que aparece en el pensamiento cuando de pagar se trata.
El costo en y por el amor es el dejar de ser (de ser Yo) para vivir en el otro (en el amado), pero eventualmente para el yo llevar a cabo dicha acción es del orden del milagro, pues implica realizar ciertas acciones que desestructuran el mundo que ha construido para su supremacía y prevalencia; en el caso del hombre, sostenida desde su placer de órgano al que difícilmente renunciará.
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

