La mañana ilumina el paso atento
de la gente en las calles de Oaxaca
la variada color y vestimenta
ya no extraña ni al propio ni al turista.
Sólo un hombre sencillo y distraído
altera el ritmo de tus pasos mientras
tú deseas ser correspondido con
su mirada transitoria y ajena.
Sabes que él en su corazón te lleva
como a un hermano anónimo y querido
ya te encuentre camino de la escuela
o te halles en la banca de la plaza.
Central soñando con tiempos mejores
o tu cuerpo se siembre cada día
en el surco que acuna la semilla
del maíz de la esperanza prehispánica.
Él te mira en el aula improvisada
o esperando vender tu artesanía
palma transfigurada en chapulines
sombreros sopladores o canastos.
Barro que un día será tu morada
mientras escuchas orar a tu amante
el lamento que corre por el mundo
desde Kenia hasta la vieja Antequera.
Tocan clarines resuenan latidos
levantan su clamor valles y selvas
doquiera vuelves los ojos ahí
tañen campanas y corre el eco des-
mintiendo abandonarte en soledad
dejando cuitados Chico Toledo
a quienes claman desde todas partes
por un mendrugo de paz y justicia.
* Poema dedicado a Francisco Toledo (1940-2019).
