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Séneca: el valor del tiempo

Foto(s): Cortesía
Redacción

El tiempo es algo fundamental en nuestras vidas, pero cuando intentamos definirlo, se nos escapa como arena entre los dedos. Ya decía San Agustín que «si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé». Séneca señala las pasiones y el afán de recompensa como los dos grandes ladrones del tiempo. Y el tercer ladrón es la dilación.


La complejidad del tiempo


A lo largo de la historia han existido diferentes teorías sobre el tiempo. Haciendo un rápido repaso de las mismas las podemos sintetizar en cinco formas de concebirlo.


1. El tiempo físico. Exotérico o externo, se da fuera de nosotros. Es objetivo, homogéneo y medible. Es el tiempo que marca el reloj o la duración de la rotación del eje de la Tierra.


2. El tiempo psicológico. Esotérico o interno, se da en nuestro interior. Es subjetivo y variable. Es cómo vive cada uno el tiempo de su vida según su propia experiencia.


3. El tiempo histórico. Tiene una doble posibilidad.


a. Si se considera exclusivamente como el conjunto de los hechos del pasado, no pasa de ser un tiempo exotérico en el cual estamos inmersos, pero que no podemos controlar. El tiempo es medible pero nos arrastra.


b. Si se concibe la Historia como maestra de vida, entonces podemos ser actores del mismo, al reconocer la corriente histórica y trabajar con ella. Es aquí donde se integran plenamente el tiempo individual e histórico entre sí.


4. El tiempo lineal y progresivo, muy relacionado con el tiempo físico. Un factor conduce a otro de forma irreversible.


5. El tiempo simbólico o sagrado. Es cíclico, retornando cada cosa a sus inicios al final del ciclo, pero dicho retorno tiene unas diferencias que permiten vivirlo de manera distinta.


Así tenemos una rápida visión de la complejidad del tiempo. Frente a todo este panorama no pretendemos definir el tiempo, sino el valor que tiene para el ser humano, que es nuestro objeto de hoy.


Séneca ante el valor del tiempo


«Lo importantes no es el tiempo que vivas, sino cómo lo has vivido». Insiste el filósofo cordobés en que lo importante no es la cantidad de tiempo que se vive sino su «calidad» filosófica.


¿En qué consiste la calidad filosófica de la vida?


«No es un bien el vivir, sino el vivir con rectitud. Siempre que quieras saber lo que has de rehuir o buscar, toma en consideración el sumo bien, objetivo de toda tu vida. Con él se debe armonizar cuanto hagamos: solo puede resolver los casos particulares quien ha planteado su vida con una visión global».


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