Llegamos a los últimos días del año, uno atípico para todos los habitantes del planeta Tierra, y obviamente, ni México, ni Oaxaca son excepción. A finales del año pasado, cuando el virus se salió de control, nadie pensaba los alcances que llegaría a tener en la vida humana. Un par de meses después se decretaba una jornada de enclaustramiento social durante la cual, las personas se volcaron a comprar papel higiénico como si se lo fueran a comer, y quizá así lo hicieron. Recién entraba la primavera y el mundo mandó a todos sus trabajadores a casa (flora y fauna fueron felices, ¿recuerdan); ahí nos mantuvimos hasta que, para evitar perder la cordura, la humanidad, en un impulso frontal de thanatos, comenzó a salir.
Iniciaba el verano cuando, lentamente, comenzamos a poblar las calles y las ciudades nuevamente. Las lluvias de este año no mojaron a ningún turista, se cancelaron todas las actividades de la Guelaguetza, las lluvias estuvieron tristes esta ocasión, se notaba en su viento. Para colmo, los juegos olímpicos estaban perdidos y Tokio (nuevamente) veía pasar de largo el sueño, igual que en 1940 y también año bisiesto. La humanidad ensimismada se encontraba absorta y no encontraba cómo entretenerse, comenzaron a incrementarse los casos de violencia doméstica, tanto física como psicológica, y tiene sentido, el contacto diario con las mismas personas puede llegar a causar locura, pregúntenle a los locos empleados de la burocracia.
Entonces volvió el deporte en vivo, partidos, juegos, apuestas y dinero circulando, aunque el sueño olímpico quedó postergado un año más, la humanidad tenía en que entretenerse y así, el verano terminaba dando paso al otoño.
En otoño es la época donde comienzas a pensar en el próximo año, pues una vez pasando la celebración de los Fieles Difuntos (cancelada también) lo que sigue es Navidad; sin embargo, durante el mes pasado, la ciudad de Oaxaca registró un repunte en su actividad turística, todos lo notamos. En las calles oaxaqueñas comenzaban a verse rostros ajenos a los comunes. Los turistas comenzaban a llegar, en especial aquellos que buscan evitar la época de frio en sus países de origen y vienen a pasar la temporada invernal en tierras tropicales.
Es un secreto a voces que muchos extranjeros hayan comprado propiedades en la zona centro de la ciudad, y han hecho de ellas su casa invernal, pues el clima tropical (y el cambio de divisas) les favorece. Muchas de esas personas que llegaron a principios del mes pasado estarán varios meses en la ciudad, con lo cual se favorece la circulación del capital y con ello pagar los sueldos de muchos de los prestadores de servicios, quienes atraviesan por una terrible situación, en todo el mundo.
Diciembre es un mes cargado de reflexiones, promesas, recuerdos, regalos, peregrinaciones, posadas y un largo etcétera, aderezados con suculentas fiestas con guisos de la época, llenando el ambiente de olores y sabores exclusivos de temporada, aunque esta ocasión las celebraciones serán más pequeñas, pues hay menos personas en el mundo. Muchas familias han sufrido la pérdida de seres queridos, esto es una realidad general en todo el mundo.
El mundo es el mismo para todos, aunque cada uno lo entiende de manera distinta, tanto así, que mientras algunos países continúan estableciendo políticas internas para mitigar los contagios; pareciera que en México y en Oaxaca eso es lo que menos importa.
