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Reeditan obra de Pedro Lemebel, de los autores chilenos más exitosos de las últimas décadas

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Maquillaje y tacones fueron parte de la propuesta contestataria de Pedro Lemebel (1952-2015); este escritor, que de ser un niño pobre criado a orillas de un basural y un artista travestido que usaba la provocación como herramienta de denuncia política, pasó a ser uno de los autores chilenos más comentados y exitosos de las últimas décadas. Fue seguramente el único escritor chileno que se maquillaba y usaba zapatos de tacón alto, al menos en público; y ahora, Grupo Planeta reeditó este verano en México, bajo el sello Seix Barral, cinco de las obras que dejó como legado. 


Así lo documenta la Biblioteca Nacional de Chile. Pedro Lemebel, escritor, cronista, activista y precursor de los performances de protesta y denuncia política en Chile, hoy en día es un referente obligado de la literatura hispanoamericana.


A seis años de su partida, su pluma refleja sin enfado la libertad con la que vivió, siendo pionero en quebrantar barreras homofóbicas, convirtiéndose en portavoz de una comunidad marginada, que lo consolidó como figura transgresora en el escenario político de protesta, cuyas sentencias siguen causando eco, al grado de implementar en el lenguaje cotidiano palabras emblemáticas que pueden encontrarse en sus obras, que lo hacen permanecer vigente en el pensamiento colectivo y escenario literario internacional.


Denuncia, pasión y rabia


“Adiós mariquita linda” (Seix Barral), es una selección de crónicas, cartas, dibujos y fotografías publicada originalmente en 2004. En este libro, Pedro Lemebel nos sumerge en la rabia, la denuncia, la pasión y los amores que conforman su universo literario. 


La noche en el centro de Santiago, amigos que pasan por su casa en Bellavista, un asalto, los recorridos por el gay town de la ciudad, todo puede ser pretexto o necesidad para que Lemebel estampe con su escritura certera, límpida y sin rodeos, lo que ve, lo que conoce y lo que lo transgrede. “Por eso escribo de mi pueblo con este desenfado, porque conozco y bebo gota a gota la emoción pelleja de su sexo roto”, dice en una de estas crónicas.


Desacraliza a los dioses de la farándula chilena


La colorida pluma de Pedro Lemebel rescata en “De perlas y cicatrices” (Seix Barral), publicado por primera vez en 1998, una vez más, a esos personajes del escuálido jet set chileno de los años 80 y 90 que deambulaban por escenarios polvorientos intentando convertirse en estrellas. 



Así también, los semidioses de la farándula criolla son desacralizados con una mirada ácida y escéptica, y se exponen en estas páginas junto a las víctimas, villanos y cómplices de la dictadura chilena, completando una triste galería de figuras que aún persisten en la memoria popular.


Su primer libro


“La esquina es mi corazón” (Seix Barral), es el primer libro de Pedro Lemebel, publicado originalmente en 1995. En las 20 crónicas urbanas que reúne vemos aparecer esa ciudad que queda fuera de la realidad neoliberal de la que da cuenta la televisión, ese Santiago de los marginados, los perdedores y los homosexuales que deambulan por el Parque Forestal, las poblaciones, los cines baratos, los baños turcos y las peluquerías de barrio.


 


De locas, travestis y colizas


“Loco afán. Crónicas de sidario” (Seix Barral), cuenta el trance de locas, travestis y colizas desde la ominosa fiesta de los años 60 en Chile, hasta el crepúsculo del amor y dolor sexual de los 90. 


Una treintena de crónicas definitivas que, “tal como la enfermedad, corroen la hipocresía. Porque sida rima con seda, y con respeto” (Soledad Bianchi). Este libro fue publicado originalmente en 1996 y 13 años después de que tatuara la literatura chilena, latinoamericana y española con palabras de sonido suave y furibundo como “sidario” o “loquerío”.



 


La voz de las minorías sexuales


En “Zanjón de la Aguada” (Seix Barral), Lemebel toma la voz de las minorías sexuales, de los habitantes de las poblaciones periféricas, de los desposeídos, de las mujeres, para entregar una denuncia moral, una invitación a mirar lo que más nos duele: ese Chile que carece de oportunidades, ese al que los discursos políticos no tocan, pues sigue siempre igual. 


Pero el autor no mira esta realidad de forma dramática, sino que lanza sus dardos llenos de ironía, mostrándonos que la indiferencia y el arribismo son enfermedades más agudas que la pobreza.

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