Pasar al contenido principal
x

Raíces nacionales: colonialismo y esclavitud

Foto(s): Cortesía
Redacción

En los cursos de Historia nos enseñan sobre la grandeza de las culturas originarias, nos maravillan contando historias de las viejas grandes civilizaciones, de lo esplendoroso de sus aportaciones y de lo fundamentales que son para la historia universal; son páginas y páginas de las aportaciones del nuevo continente al viejo mundo; sin embargo, la historia patria de los libros de texto se trunca después de 1521 y vuelve a encontrarse hasta 1810, cuando aparece el movimiento independentista; esto es: existe un encubrimiento en lo que nos enseñan de nuestra historia, y el desconocimiento de 300 años implica una laguna histórica enorme en la formación de la cosmovisión actual del mexicano, una que tiene repercusiones en la formación ontológica del pensamiento nacional.


El encubrimiento de la historia comienza desde la denominación popular a la etapa posterior a la conquista; se habla de un “México Colonial”, un nombre metafórico y poético, pues por 300 años que duró, el nombre real era la “Nueva España”, tierra otorgada a España por bulas papales en las que se le daba poder sobre estas tierras para evangelizar a sus pobladores.


El colonialismo europeo hizo (o intentó hacer con el tiempo) de este continente un reflejo del suyo y así surgieron territorios como Nueva Inglaterra, Nueva Francia; Alemania llegaría tarde al reparto colonial, pues vivía en esas fechas bajo el Sacro Imperio Romano Germánico (I Reich); se puede decir que la época medieval termina en España, Portugal, Inglaterra y Francia con el descubrimiento de América, pero probablemente en Alemania con Martin Lutero.


En 300 años de la Nueva España ocurrieron muchas cosas, en el primer siglo y medio se estima que unas 17 mil toneladas de plata y unas 200 mil toneladas de oro arribaron a España provenientes de sus colonias. Después, las expediciones pasaron de ser financiadas por la corona, a serlo por bolsillos de mercaderes privados, deseosos de aprovechar todavía más sus ganancias con una mercancía muy apreciada en el nuevo mundo: esclavos provenientes del continente negro, que llegaron después de haber sido arrancados de sus aldeas y de su modo de vida tribal milenario.


Así, este continente comenzó a nacer (bautizado por supuesto) ante el resto del viejo mundo, naciendo de una madre patria sorprendida y sometida, una madre patria sedienta de oro y otro ser humano arrancado de su patria sin comprender ninguno de los tres todavía, que de esas simientes se conformarían múltiples millones. También en esos 300 años, 63 virreyes sirvieron a la corona española y a su Dios;  nunca vinieron ningún rey ni papa.


Con la conquista de América, Europa entró por completo en la modernidad, extendiendo los límites de su conocimiento hacia lugares donde se creía que solamente habitaba la fantasía y el desconsuelo, acompañados de la mano de su Dios, uno que pese a derrumbar todo lo conocido, fue abrazado por los conquistados, quienes sufrieron el desamparo de sus dioses y vieron completada su profecía de destrucción.


Caso curioso es que mientras España salía victoriosa derrotando al imperio más grande de occidente por las mismas fechas, Portugal fracasó totalmente en su intento por conquistar China; entre los chinos no existía ningún mito del hombre blanco barbado, siempre supieron a lo que se enfrentaban y lo derrotaron.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.