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Pitol, por Glantz; ecos de FIL de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Hace dos años, la Feria Internacional de Libro de Oaxaca dedicó a Margo Glantz su homenaje más importante. Ahora, ella regresó a Oaxaca con el ánimo vacilante entre alegría, nostalgia, luto y pesar, pues fue parte de otro homenaje, esta vez póstumo, para uno de los personajes más importantes en la historia de la literatura mexicana, Sergio Pitol, quien fue su amigo, uno entrañable, cercano, de andanzas y viajes, de charlas y años, de letras y memoria.


--¿Qué sensación le genera regresar a un homenaje como el de Sergio Pitol (18 de marzo de 1933-12 de abril de 2018)?


--Siento una gran tristeza. Fue un amigo entrañable de muchos años. A nivel intelectual y literario es una pérdida muy profunda. Es una gran pérdida, pues fue uno de los más grandes escritores de México, y una persona extraordinaria, con una cultura impresionante. Con una capacidad de mirar las cosas con una profundidad inigualable. Se fue mucho junto con Sergio.


Margo Glantz piensa con detenimiento cada palabra, la solvencia y potencia de su pensamiento no entiende de timidez, sus ojos brillan con avidez detrás de los párpados cada vez más pesados. La voz trémula de la escritora suelta sentencias cargadas de emociones que parecen abigarradas que se acomodan en un tipo de orden caótico, con destellos de optimismo, desilusión, nostalgia. Luego de hacer el primer breviario a la memoria de Sergio Pitol, deja escapar: “Este año ha muerto mucha gente muy cercana. Me voy quedando como sobreviviente".


Margo tiene 88 años, el tiempo marchitó su piel, alentó su paso, pero perdió la batalla con su lucidez, esa permanece intacta, también conserva su personalidad inexorable.


Afinidades selectivas


El patio de un hotel instalado en una casona antigua del centro histórico de la capital de Oaxaca, se convierte en la trinchera desde donde ella habla del pasado, aunque su nombre regresó a los encabezados de los tabloides nacionales, primero por su nombramiento anticipado como directora del Fondo de Cultura Económica con el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador; la resonancia de Margo Glantz se amplificó hace apenas veinte días, cuando declinó la invitación presidencial. No dio explicaciones cuando lo anunció, tampoco las dio esta vez: “De eso no voy a hablar”, dice categórica la escritora de “Yo también me acuerdo" (Sexto Piso, 2014).


--¿Qué los unía intelectualmente?


--Como decía Goethe: afinidades selectivas. Por un lado un gran cariño; lo conocí cuando era muy joven, en una manifestación contra decisiones siniestras de los gringos, peleábamos porque no electrocutaran a los esposos Rosenberng, acusados de vender secretos atómicos a los rusos. Ahí participé, él también, por ahí andaba también Monsiváis, un Monsiváis muy jovencito; estuvo Luis Prieto, un buen amigo de Sergio (Pitol). Luego nos vimos esporádicamente porque Sergio y yo nos separamos, nos fuimos -cada uno por su lado- a vivir al extranjero.


En los 80 él regresó a México, trabajaba en la parte cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores, entonces, Elena Urrutia y yo organizamos un congreso internacional de escritoras, Sergio nos apoyó, gracias a él y a (Rafael) Tovar y de Teresa hicimos un encuentro trascendente. A partir de ese momento nos hicimos muy amigos; una amistad muy íntima, perdurable. Porque creo que teníamos cosas en común muy profundas como el amor por la literatura, casi los mismos juicios respecto a ella, lo admiraba, me enseñó muchísimo, él tradujo a muchos autores que conocimos gracias a él, de cuando Pitol estuvo en Polonia, Yugoslavia, Francia, en Rusia.


Fragmentos de vida


Cuando era embajador en Checoslovaquia, en ese entonces hablábamos diario por teléfono, yo desde Londres, donde trabajaba en la embajada de México, él desde Praga. Fue en ese periodo cuando escribió uno de sus libros más relevantes: El desfile del amor, ganó el segundo premio de Anagrama (condecorado con el Premio Herralde a Mejor Novela en 1984). Nos visitamos mucho, viajamos a Madrid, Lisboa, Lanzarote.


Durante su vida en Europa, Pitol aprendió ruso, tradujo a autores imprescindibles como Gogol, Leonid Andréiev, Witold Gombrowicz, Bohumil Hrabal, Kafka. “Íbamos juntos a la ópera, no entendíamos nada; bueno, él un poco más”.


Hablar de los muertos implica hacer una labor de reconstrucción de momentos, de fragmentos de vida a partir de quienes lo conocieron, de quienes se quedaron con pedazos de quien partió; en este caso, la vigencia de Sergio Pitol radica en sus textos, otrora incomprendidos, en ocasiones acuciosos y transgresores. Margo dice que su obra lo mantiene vivo por sus lectores, esos que se suman desde las filas de los jóvenes que descubren a Pitol, y a los lectores que redescubren su obra.


Pitol, vigente


“Cada vez es más vigente la obra de Sergio. Libros de Sergio estuvieron mucho tiempo sin venderse hasta ‘El Arte de la Fuga’; con este texto se vuelve popular, ahora los jóvenes lo buscan con mucho interés porque son libros bien escritos, con problemas muy vigentes, porque logró hacer una especie de ‘no género’ literario, rompió los cánones de la literatura y sus novelas no lo son por completo, sino que combina el ensayo, la ficción, lo fantástico, lo político”.


La tarde se vuelve corta y sus elocuencia es inagotable. Una palabra es pie y catalizador para reflexiones de una mujer que en cada oración ofrece una clase maestra, pero antes de terminar se detiene en la escritura y su futuro, en manos de quién está y quien la genera; la literatura precisa de rigor, de disciplina.


“Estamos asistiendo a un fenómeno muy particular, recién tuve una comida con varios jóvenes escritores, ya publicaron un libro y llegaron a las nubes; los aprecio mucho, porque unos son muy buenos, pero basta con que escriban tres libros al mismo tiempo y viajan por todas partes. Nuestra generación tuvo más problemas para publicar, porque los textos no eran objetos ni productos de mercado. Los textos habitaban editoriales más pequeñas, no trasnacionales. El mercado no marcaba la pauta como ahora. Ellos tienen que leer a Sergio, ese acto es una lección de buena escritura, de pensamiento crítico frente a un mundo que cambia”.


 

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