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Píldoras de filosofía: Confucio

Foto(s): Cortesía
Redacción

A menudo se discute en todo tipo de ámbitos acerca de los problemas de nuestra sociedad provocados por la corrupción de quienes nos gobiernan. Se suele concluir que gran parte de las profundas injusticias sociales se corregirían con unos dirigentes y administradores a la altura de lo que se espera de ellos. Pero, sin duda alguna, habría que ir más allá y entender que las élites gobernantes son el producto de un espacio y de un tiempo determinados, y por lo tanto reflejan en sus actos y forma de gobernar aquellos vicios de los que también adolecen sus gobernados.


"¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?". Para él, todo lo que existe en el mundo nos está dando una lección: basta sólo tener la buena disposición de escucharla; hasta los espectáculos de la fealdad y del crimen, al revelarnos el desprecio y abyección en quien los comete, nos ilustran. Confucio decía: "Si somos tres que viajamos juntos encontraré necesariamente dos maestros en mis compañeros de viaje; elegiré al hombre de bien para imitarle y la hombre perverso para corregirme".


Un ser de profundas claridades, ejercía su enseñanza serenamente y sus sentencias brotaban del río interior como un chorro de luz. Pero despreciaba la mera palabra; la virtud es activa, y el amor y la justicia, fuerzas dinámicas. Así, señalaba: “Si se ve una cosa buena y no sé la práctica, se comete una cobardía". Pero esta acción implica estar moral e intelectualmente preparado para actuar; a los que por mera ambición buscaban los cargos de jerarquía, medrando la influencia de los poderosos en perjuicio de los hombres de verdadero valor, aconsejaba: "No te inquietes por ocupar empleos públicos, pero inquiétate de adquirir el talento necesario para ocupar esos empleos".


"El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor". Y a los que querían ser conocidos y valorados por la gente y adquirir un lugar en la consideración de la sociedad, adivinándoles en esto su inmadurez, les oponía otra sentencia: "No es preciso afligirse de que los hombres no nos conozcan, sino, por el contrario, de no
conocerlos a ellos nosotros mismos".


Desarrolló también Confucio la teoría de la fraternidad universal y eso en una época en que era casi imposible concebirla: así, en uno de sus libros afirma: "Todos los hombres, a lo ancho de los cuatro océanos son hermanos". Su regla de oro para medir esa fraternidad, lo que él llamaba la "virtud de humanidad", estaba así formulada: "Tener bastante imperio sobre sí mismo para juzgar a los demás por comparación con nosotros y obrar hacia ellos como quisiésemos que se obrara con nosotros mismos".


Confucio representa un ejemplo de dignidad y pragmatismo en cuanto a las funciones del buen gobernante, cuyos objetivos deben ser: el pleno y eficaz servicio a su pueblo, promover las condiciones necesarias para que éste pueda desarrollar todas sus virtudes humanas y elevarlo hasta donde le sea posible.  Síguenos en Facebook Nueva Acrópolis Oaxaca e Instagram acropolis_oaxaca, informes al: 9511585000.


 


"¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?", Confucio. 

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