La mitología hace a Orfeo hijo de Eagro y de la musa Calíope, y la tradición esotérica lo relaciona con Arjuna, ya que su descenso a los Infiernos a la búsqueda de Eurídice se asemeja mucho al viaje de Arjuna al Patala, tras su esposa Ulupi.
Eurídice era una ninfa que, atraída por los cantos de Orfeo, se enamora de él y se convierte en su esposa, pero un día, acosada por Aristeo (en la versión de Virgilio), pisó accidentalmente una serpiente que la mordió y le provocó la muerte. Desconsolado, Orfeo acudió a las puertas del Hades, el reino de Plutón, para tañer su lira y rogar porque su amada le fuera devuelta.
Las distintas versiones cambian en este punto. Algunos afirman que su canto ablandó el corazón del propio Cerbero, y la rueda de Ixión se detuvo permitiendo el regreso de Eurídice, pero, en otras, incluyendo el comentario de Platón, se afirma que la solicitud le fue negada, aduciendo que para entrar en el Hades él mismo debía sufrir las pruebas de la muerte.
Tras este episodio, lo encontramos vagando desconsolado por las orillas del río Estriarón y eludiendo todo contacto con las mujeres. Esquilo dice que las ménades, en un rapto orgiástico, lo despedazaron como en un sacrificio (véase la versión de Las bacantes de Eurípides), celosas por no haberles sido permitido entrar en sus misterios, e incitadas por Dionisos, enojado porque el poeta ofrecía salutaciones a Apolo todas las mañanas.
Fue enterrado por las musas en Tracia, y, según otras versiones, las distintas partes de su cuerpo fueron esparcidas por toda Grecia, salvo la cabeza, que, junto con su lira, fueron a dar al río Hebro, donde seguía profetizando y cantando hasta que, por orden de Apolo, fue enterrado para silenciarlo y se erigió un templo en su honor.
Orfeo aparece también como parte de la tripulación en el famoso poema mítico de Los argonautas, como cantor mágico que emplea el poder de dicho canto allí donde la fuerza de los héroes resulta ineficaz, según lo aconsejó Quirón. Toda la relación del grupo de héroes con lo religioso, como las ceremonias, ofrendas y pasos por los santuarios, es presidida por Orfeo, quien, sin ser un guerrero, adquiere una importancia mística en el periplo que preside Jasón (Argonautiká, Apolonio de Rodas, 240 a.C.).
Como veremos en el aspecto mistérico, Orfeo reúne las dos potencias divinas que se yuxtaponen en su mensaje, los cultos dionisíacos y el aspecto apolíneo, que va a dulcificar y sublimar el espíritu primitivo y semisalvaje con que se adoraba al Baco de Tracia. Síguenos en Facebook Nueva Acrópolis Oaxaca e Instagram oaxaca_acropolis, informes al 9511585000.
"Orfeo reúne las dos potencias divinas que se yuxtaponen en su mensaje, los cultos dionisíacos y el aspecto apolíneo, que va a dulcificar y sublimar el espíritu primitivo y semisalvaje con que se adoraba al Baco de Tracia".
