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Mujeres mexicanas rescatan cuentos con una perspectiva diferente

Foto(s): Cortesía
Redacción

CIUDAD DE MÉXICO.- Recuperar cuentos de autoras latinoamericanas que publicaron durante el siglo pasado convirtió a la escritora Socorro Venegas y al editor Juan Casamayor en exploradores que, al modo de arqueólogos, excavaron junto a una red de colaboradores para desenterrar las letras que el canon literario machista sepultó. En el mismo sentido, la escritora e investigadora Liliana Pedroza también emprendió una indagación semejante para rescatar la obra de cuentistas mexicanas del siglo 20.


Ambos esfuerzos por escarbar han derivado en las antologías Vindictas, Cuentistas latinoamericanas, publicado por la UNAM y el sello español Páginas de Espuma, y A golpe de linterna, Más de 100 años de cuento mexicano, de Ediciones Atrasalante. "No es un problema creativo", advierte en entrevista Venegas, directora de Publicaciones y Fomento Editorial de la Máxima Casa de Estudios, sobre la ausencia de autoras en el panorama literario del País y de América Latina. "El problema ha sido una mirada machista de lo que vale la pena leer, lo que vale la pena publicar o ponderar para los lectores". 


Vindictas es un libro que incluye 20 narradoras, entre ellas María Luisa Puga, de México; Mirta Yáñez, de Cuba; Mercedes Gordillo, de Nicaragua; Hilma Contreras, de República Dominicana; Jacinta Piedra, de El Salvador, y Bertalicia Peralta, de Panamá, mientras que A golpe de linterna, en tres tomos, reúne un centenar de autoras nacionales de diversas generaciones, como Elena Garro, Amparo Dávila, Beatriz Espejo, Mónica Lavín y Cristina Rivera Garza. "Estamos hablando de escritoras perfectamente establecidas en el ámbito literario y cultural de la época y de la geografía que les tocó vivir", destaca Casamayor sobre el libro que publicó con la UNAM.


"Escritoras de primer orden en cuanto a su trabajo intelectual desarrollado en distintas disciplinas, no sólo literaria: hay mujeres de edición, del mundo del cine, del mundo de la pintura y, además, han sido mujeres publicadas. Aunque es verdad que algunas de ellas han sido publicadas -y esto es un obstáculo casi arqueológico- en ediciones muy efímeras, en editoriales que casi han pasado desapercibidas. Y si esto lo sumas a la pandemia, ha sido un año entre arqueológico y absolutamente conmovedor, viéndonos a Socorro y a mí conseguir textos y libros a partir de toda una red de corresponsales. Y luego vienen los obstáculos reales y más definitivos que intenta paliar esta puerta abierta que es Vindictas, relacionados con la mecánica de invisibilización y silencio en el que han caído las escritoras", añade.


Motivos extraliterarios han hecho funcionar esa maquinaria que relega a quienes rompen mandatos y estereotipos, por ejemplo en relación con la narrativa del cuerpo femenino, usualmente circunscrito al placer. "Por una escritura que tocaba temas fuera de las convenciones sociales y políticas de una época, o porque molestaba a ciertas jerarquías, las escritoras fueron apartadas", asegura el editor. Estas escritoras fueron deliberadamente silenciadas, afirma Venegas, al frente también de colección Vindictas de novela de la UNAM.


"No es que ellas estuvieran escribiendo desde las catacumbas y por eso nadie nunca las conoció. Hubo esfuerzos personales, esfuerzos familiares, independientes para publicarlas, y al no contar con los grandes aparatos de otras editoriales, al no tener agentes literarios no tuvieron la suficiente visibilidad, el suficiente eco para ser mejor conocidas, entonces no es que fueran escritoras secretas per se: fueron escritora silenciadas".


Pedroza, en entrevista por separado, coincide: "No han querido mirar lo que escribimos las mujeres, no han querido mirar las disidencias sexuales, las diversidades culturales, geográficas y lingüísticas. A principios del siglo 20, por ejemplo, la construcción de Nación masculinizó las historias y los temas y narraciones de las mujeres no estaban dentro de los planes de lo que debía ser la literatura, que era una literatura masculinizada. Hasta los años 60 del siglo pasado comienzan las autoras mexicanas a formar parte de antologías, aunque su participación es mínima, mientras en los años 80 y 90 muchas participan en colecciones que ellas mismas elaboran, detalla.


Agrega que publicar no basta, previene tanto las escritoras entrevistadas como Casamayor. "Algunos textos, al estar en ediciones muy efímeras, que casi no se encuentran, ha sido toda una odisea hallarlos, pero hay otras autoras que están publicadas con obras completas en alguna universidad o en Alfaguara, y pese a eso hay que seguir peleando y esforzándose para que compartan una lectura global y horizontal entre todos los lectores. Es verdad que ha habido obstáculos para alcanzar algunos textos, pero otros estaban ahí y eso es lo que supone la invisibilización: que los que están no se lean -aunque reconozcamos algunos nombres, pero no se leen-, y algunos no los podemos leer porque no están", contrasta el editor de Páginas de Espuma.


"No basta con publicar nunca", insiste Venegas. "Todos sabemos que la cadena del libro no termina en la publicación, hace falta que se distribuya, que alguien lo reseñe, que lo cuente, que te inviten a una mesa de discusión sobre lo que haces, a una feria del libro, que te propongan como jurado. Eso es lo que hace falta", considera al respecto Pedroza, también autora de Historia secreta del cuento mexicano, (1910-2017).


Y recuerda: "Al revisar el material para esa historia -más de 900 libros de cuentos y más de 500 mujeres-, encontré que muchísimas de ellas ni siquiera tenían una reseña. Publicaron, pero fue como lanzar una botella al mar, y finalmente creo que con estos trabajos, no solamente el mío, hemos encontrado esa botella. "Para que a un autor lo recoja el tiempo", prosigue, "una de las cosas a considerar es la resonancia que ha tenido socialmente, si ha sido invitado a espacios, si ha sido reeditado, si ha sido reseñado, cosas que no siempre dependen de criterios literarios, sino de criterios de amistad, de grupos y, en algunos casos, de mafias; poco se habla o se habla por debajo, pero muchos lo sabemos: grupos que están cerca de los poderes culturales, que es donde está el dinero obviamente, tienen más resonancia, y entonces eso crea el efecto en el lector de que eso de lo que se está hablando es mejor".

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