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MISCELÁNEA| Nuestro Ulises y su odisea

Foto(s): Cortesía
Redacción

“En la ciudad de Oaxaca de Juárez, el 27 de febrero de 1882, a las tres y media de la tarde, nació en la casa marcada con el número siete de la entonces calle de la Cochinilla (hoy 2ª. calle de 20 de noviembre 211) un niño a quien se le puso el nombre de “José María Albino”. Sus padres fueron Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen Calderón Conde. Cuando el segundo vástago de la familia Vasconcelos Calderón llegó al mundo, el general Porfirio Díaz recién iniciaba su mandato como gobernador constitucional del Estado, luego de dejar encargada la silla presidencial a su compadre Manuel González”.


Así da cuenta el maestro Francisco José Ruiz Cervantes, en la Introducción de su estudio "Oaxaca en José Vasconcelos", del nacimiento del futuro maestro de América.


El niño oaxaqueño fue en su vida adulta y hasta el final de sus días, un protagonista de la vida nacional y una figura controvertida en sus facetas como abogado, político, escritor, promotor cultural, educador, funcionario público y filósofo.


Su vida nada plácida, fue la de un cometa que dejó tras de sí una gran estela de controversias, que en la actualidad siguen siendo temas de debate. 


Por ejemplo, su reivindicación histórica del conquistador Hernán Cortés y el ninguneo a que sometió al último tlatoani, Cuauhtémoc, según él, invención de historiadores estadounidenses, y quien era sólo un “antepasado de los otomíes de la meseta de Anáhuac, sin ninguna relación con el resto del país”. 


También es célebre su caracterización del Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo, al que juzgó como caudillo de una conspiración “obra de provincianos oscuros”, que no tenía grandes capacidades intelectuales, sino el nivel de instrucción de cualquier “cura de pueblo”. 


El parteaguas de su vida, fue la campaña presidencial de 1929, de la que emergió como candidato derrotado, debido al fraude operado por el oficialismo. Esta circunstancia, operó un radical cambio en su perspectiva política y lo llevó a dar su apoyo a los proyectos más reaccionarios de la época. 


Esta transformación es aceptada por su hijo, el embajador Héctor Vasconcelos, quien admitió que “abordar ese tema es una cosa sumamente dolorosa; me parece que a partir de la mitad de los años 30, mi papá dio un viraje hacia la derecha, que yo considero absolutamente deplorable, incluso una tragedia tanto en términos personales de él, como en términos nacionales, porque hubiera sido extraordinario contar con su opinión, con su juicio durante las últimas décadas de su vida, pero con las posiciones que él había tenido de joven como revolucionario, al lado de Francisco I. Madero y ciertamente como librepensador y un hombre que creía profundamente en la democracia”. (Revista Enlace judío; 20 / 11 / 2014). 


De su profusa obra escrita, los libros más conocidos son: La raza cósmica, 1925; Ulises criollo, 1935; La tormenta, 1936; Breve Historia de México, 1937; El desastre, 1938; El proconsulado, 1939; El ocaso de mi vida, 1957 y Las Cartas Políticas de José Vasconcelos, 1959, entre otros.


 “José Vasconcelos, maestro y amigo, profeta y pecador, filósofo y amante, ya pasó la tormenta; se aquietaron las olas, se durmieron los vientos y llegaste al puerto quebrantado, dolido, inconforme”. (Antonio Castro Leal; Oración fúnebre por Vasconcelos).


Su odisea concluyó cuando tenía 77 años de vida; falleció el 30 de junio de 1959, en la ciudad de México. 


EX LIBRIS

Oaxaca en José Vasconcelos

Palabras vasconcelianas tomadas de esta antología, realizada por el maestro Francisco José Ruiz Cervantes. 

Comida oaxaqueña: “Cuando llegaba la encomienda de Oaxaca, entraba en funciones la abuela, especialista en pipianes y moles, garbanzos y arroces. (…) De Oaxaca nos enviaban turrones, tortas de coco y naranjas, limones cristalizados”.

Sobre la ciudad de Oaxaca: “(…) Cada dos o tres manzanas, el término de la vía pública se ensancha en plazas reducidas, sombradas con algún jardín. Cierra el cuadro casas como palacios y templos antiguos. En ellos toma un alma el granito. (…) la fachada de Santo Domingo, lo mejor en su género en todo el continente y en ciertos aspectos, único en el mundo.

Manifiesto a los habitantes del Estado de Oaxaca: (como candidato a la gubernatura, año 1929). “(…) Tal debe ser la misión del gobierno: Ya no un padre, pero sí un hermano de los humildes. (…) Procurar que en cada población del Estado, la mejor casa sea la escuela, el templo de los modernos; la escuela que sea hogar y teatro; aula y taller, centro social y sala de lectura, la escuela total sabia y artística” 

Sobre la UABJO (entonces Instituto Autónomo de Ciencias y Artes del Estado: “Me voy convencido de que soy catedrático honorario de una universidad pobre pero fecunda, disciplinada, inteligente y que llegará a ser creadora”. 

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