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Mamá poderosa

Foto(s): Cortesía
Redacción

Para Natalia, incipiente lectora.


Ahí está, como todos los días muy temprano, recorriendo con su inseparable regadera, el pequeño jardín en la entrada de la casa. La observo desde la ventana, cuando se acerca a revisar con mucho cuidado cada una de las macetas. Mientras platica con las plantas y flores, remueve la tierra, quita las hojas muertas y enseguida las riega con la cantidad que necesita cada una. De repente, al llegar con los rosales, suelta la regadera, se lleva las manos a la cabeza y mientras voltea hacia uno y otro lado, como si buscara algo o alguien, grita:


-Mamá, mamá, ven pronto.


Yo, asustada, salgo con rapidez de la casa, me acerco para abrazarla, y le pregunto:


-¿Qué sucede Cassandra?-, voltea su carita de apenas 5 años, cubierta por las lágrimas, y afirma con coraje:


-¡Las hormigas son malas!


Mientras la acaricio, me atrevo a decir:


-¿Por qué crees que son malas?


Me lleva frente a los rosales y señalándolos, comenta:


-Fueron destrozados por las hormigas anoche. Ellos, que son tan hermosos y no lastiman a nadie. ¿Ves? Las hormigas son malas, muy malas.


La alejo de ahí y tratando de calmarle, le digo:


-¿Cómo sabes que fueron ellas? Pudo haber sido una campamocha o una mariquita, que sé yo.


 Mirándome con cierto reproche, insiste:


-¿No entiendes? Ellos, los rosales, me lo dijeron. Y mira, mira mamá, cómo los dejaron. ¿Por qué?, ¿por qué lo hicieron? Ahora se ven tristes y yo también estoy triste.


Volteo hacia la jardinera y, efectivamente, solo veo las varas desnudas de los rosales, algunos botones que quedaron sobre la tierra y el rastro de hojas que dejaron las hormigas al regresar a su nido. Al verlos, procuro que no se dé cuenta del enojo e impotencia que yo también siento, porque todos ellos estaban en plena floración.


-¿Ahora sí comprendes mamá, por qué son malas las hormigas?  Algo tenemos que hacer para que jamás vuelvan, los rosales son indefensos, no merecen ser lastimados, ni ellos ni ninguna otra plantita. Por favor, dime, ¿qué puedo hacer?


La acaricio para tranquilizarla, mientras pienso cómo explicarle en estos momentos, que lo que ha sucedido es parte del ciclo de la vida; las hojas y flores volverán a brotar aún más hermosas, y además, las hormigas necesitan alimento para su sobrevivencia; por eso, antes de la temporada de lluvias, se afanan para almacenar lo más que puedan y tener así con que subsistir.  Sin embargo, sé que ahora por su enojo y tristeza no lo entenderá, así que mirándola a los ojos solo atino a decir:


-Tengo la solución, no te preocupes.


Al escuchar esto, se suelta de mis brazos, corre hacia la jardinera, y con alegría le dice a los rosales:


 -¡Tranquilos, mamá los salvará! Ella es muy poderosa, confíen. ¡Ah! yo también ayudaré para que muy pronto vuelvan a tener flores.


Tomadas de la mano, entramos a casa donde nos espera un delicioso chocolate caliente, que sopearemos con pan recién horneado. Mientras lo disfrutamos, me mira y me dice:


-Mamá, te quiero.

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