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"Los memorables": La fábula de Lídia Jorge inspirada en la Revolución de los Claveles

Foto(s): Cortesía
Redacción

CIUDAD DE MéXICO.- Lídia Jorge (Boliqueime,1946) optó por el camino de la fábula para escribir sobre la Revolución de los Claveles que restauró la democracia en su natal Portugal. Una fábula contra el olvido.


No quería escribir sobre el "cadáver" tan re-visitado; quería que aquel momento fuera visto, mas de 40 años después, como un ser vivo, "un objeto vivo encantador", precisa en entrevista vía email la ganadora del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2020, que recibirá a distancia el sábado en el arranque de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año, debido a la pandemia, salta a la virtualidad.



Esa fábula resultó en su novela "Los memorables," publicada en México bajo el sello de Elefanta en 2018.


En el libro, la joven periodista Ana María Machado regresa a Portugal para realizar un documental sobre aquel 25 de abril de 1974. A partir de una fotografía de su padre, Antonio Machado, junto a varios revolucionarios, emprende un proyecto de reconstrucción de la memoria.


La novela supone también el tránsito emocional de Ana María, quien, al inicio, de manera fría, le parece un asunto de ancianos, "gente que sólo habla por añoranza de su propia juventud", y "ella misma se considera víctima de las contradicciones libertarias que este movimiento trajo a su familia", apunta la escritora.


Pero, conforme avanza en el proyecto, comienza a reconstruir el pasado y a leerlo de otra manera.


"Es a través de la tragedia personal de su padre que Ana María comprende el advenimiento de la historia y la herida íntima que provoca la pérdida. Ella, como personaje, es alguien que entiende que la pérdida y la ruina pueden desencadenar significados de humanización. La compasión por tu país y por el mundo proviene de su compasión por tu padre", explica Jorge.


Cuando ocurrió la Revolución de los Claveles, la escritora estaba en Mozambique, entonces aún colonia portuguesa. La guerra colonial era ya insostenible, recuerda. Por la radio se enteró de la revolución en curso en Lisboa.


En la ciudad de Beira, donde vivía, el ambiente era muy tenso. Todos los días, la gente moría tanto del lado de la guerrilla como del lado del Ejército portugués.


Se deseaba un cambio urgente, escribe, pero un mes antes había habido un fallido intento de golpe y los militares implicados habían sido detenidos.


"La dictadura parecía invencible y, de repente, poco más de un mes después, llegó por la radio la noticia de que se estaba ganando una revolución en las calles de Lisboa", rememora.


Su rostro "ardía de suspenso" contra la pequeña radio, con noticias contradictorias. En ese momento, en las colonias, no había televisión.


Cuando piensa en aquel 25 de abril y lo que pasó después, Jorge aun siente alegría. Un día lejano en el calendario que ella percibe muy presente, vivo.


"Todo un pueblo resultó vencedor después de 48 años de dictadura. Por supuesto, habría perdedores, pero, aún así, mirando hacia atrás, creo que no hubo una venganza feroz como en los cambios generales de régimen", asegura.


La Revolución de los Claveles, sin derramar sangre, marcó la historia reciente como la primera revolución en el último cuarto del siglo 20 "que inició la democratización de muchas sociedades europeas y mas allá".


"Pero una revolución es siempre una ruptura, y lo que sigue no sucede en el mundo de los Ángeles. En cualquier caso, la forma en que se desarrolló implicó un alto idealismo de muchos de sus participantes, y sigue conmoviendo a sus contemporáneos, como yo, y a muchos de los jóvenes, cuando se dan tiempo de revisar con paciencia la jornada que les regalamos. Ese día los hizo nacer en un territorio de libertad".


Jorge, durante años, guardó documentación. En su familia hay personas que participaron activamente en el proceso. "Alguien que fue determinante para el éxito de lo ocurrido en la madrugada del 25 de abril",  responde, pero sin identificarlo.


Se entrevistó con algunos involucrados, pero les advirtió que no escribiría de manera realista, y ellos convinieron en no ser tratados como héroes, quedando en el anonimato, en silencio, sin reclamar una página para sí.


"Tenía la intención de transfigurar. Ellos aceptaron. En la literatura, lo real no debe engañarse en su verdad, pero para eso es necesario crear una mitología, una metáfora que explique de manera concentrada".


Y profundizó en la naturaleza ontológica de la memoria de un pueblo.


¿'Los memorables' son héroes olvidados?


Entre los memorables, hay uno de ellos, el que se llama Charlie 8 en el libro, que en realidad era el Capitán Salgueiro Maia, quien aparece como la figura impoluta, la que fue agraviada por el poder que se instaló luego del 25 de abril y falleció muy joven. Se le recuerda en todos los rincones del país. Mi libro habla de él en las palabras de su viuda. Pero lo que quería, mas que guiar la mano del lector por la biografía real de cada participante, era hacerles hablar como si hubieran desaparecido hace muchos años y, ahora, resucitados, fuera de tiempo, hablaban del movimiento por el cambio en su conjunto, y todo un colectivo como pueblo.


 


Es una novela sobre la memoria...


 


Sí, es una novela sobre la memoria como imposibilidad de recuperarla en su totalidad. También como elemento de cambio permanente; la memoria como instrumento de subjetividad. Cuando hablé con los actores a los que llamé 'memorables', sus recuerdos de los hechos eran muy distintos y algunos habían olvidado hechos decisivos. Incluso conocí a alguien que había olvidado cómo había sido el recorrido por las calles de Lisboa esa mañana. Cada uno con su propia versión. Pero, en la ficción, al elegir entre los hechos reales, algunos de los cuales me doy cuenta de una manera nueva, estoy tratando de crear una memoria sintética de los hechos, para que puedan ser arreglados, a través de fábulas. Fábulas que no son mentiras, sino síntesis, metáforas del todo.


No hace mucho, al hablar de este tema de la memoria, decía que la literatura enjuaga los ojos fríos de la historia con lágrimas ardientes. Podría agregar ahora que la literatura resta a los hechos que informan los periódicos todo lo que a la distancia no cabe en el edificio que propone la belleza. Hablo de belleza y no de justicia. La belleza es posible; la justicia no lo parece, aunque la belleza la promueva. Es tu instrumento más fuerte.

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