Pasar al contenido principal
x

LECTURAS PARA LA VIDA: El vestido de la Llorona

Foto(s): Cortesía
Redacción

Durante mucho tiempo, uno de mis sueños había sido participar en la obra de teatro que se realizaba en la escuela con motivo del Día de Muertos. Los maestros eran poseedores de gran entusiasmo y creatividad, les gustaba echar la casa por la ventana, se organizaban por grupos; mediante una rifa con papelitos que depositaban en el sombrero de algún abuelo que en ese momento estuviera acompañando a algún niño o niña, definían lo que cada quien haría.


Aquella mañana me acompañó mi abuelo; para mi sorpresa, le pidieron el sombrero, eso me dio una buena corazonada, cruzaba los dedos para que a mi grupo le tocara la obra de teatro, iba en quinto año. Nos habían dicho que ese año se representaría la leyenda de la Llorona. Vaya que el abuelo es suertudo, el primer papel que salió fue del grupo de primero; a ellos les tocó hacer el tapete, después vino el maestro Nicanor, sacó su papel; su grupo junto con los de sexto pondrían el altar, a otros les tocó participar en la comparsa, la música, los puestos; cuando quedó el último papel y la arrugada mano de mi maestra lo abrió, yo brincaba de alegría.


Nos reunió en el salón, de inmediato le dije que yo quería ser la Llorona; tuve que decirle una mentirilla para que no me negara el personaje, le dije que mi mamá me había comprado un vestido blanco, que ya no íbamos a hacer gastos, no se negó. Al llegar a casa le conté a mi familia, para ser sincera no se emocionaron tanto, a excepción de mi abuela. Al otro día por la tarde fuimos con la costurera, nos dijo que era poco tiempo para confeccionar el vestido, pues tenía ya muchos encargos. Mi abuelita, a quien no le gustaba para nada verme triste, me animó:


-Mijita vamos a la casa, pero antes pasaremos a comprar agujas e hilos, vas a ver que voy a echar a andar la vieja máquina de coser que me regaló tu abuelito.


Eso me sorprendió, me puse feliz, pero más sorprendida quedé cuando al llegar a casa, la abuela sacó de una vieja maleta su vestido de novia y me dijo:


-Que de algo sirva mi amado vestido de novia.


El vestido se veía en algunas partes amarillento, un repentino escalofrío me invadió al ver unas manchas ocre en la orilla de encaje.


Continuará el próximo miércoles…


[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.