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Las olimpiadas

Foto(s): Cortesía
Redacción

Llama la atención que fueran los griegos, identificados como gente de pensamiento más que de acción, los que exaltaran la actividad física como conjunto de virtudes individuales y, sobre todo, cívicas. Pero, seguramente porque fueron ellos quienes lo hicieron, estos han llegado hasta nosotros –Coubertin mediante– cargados de valores sociales, culturales e, incluso, espirituales, y han perdurado por encima del tiempo, del espacio, de la política e, incluso, de la historia.


Los griegos llevaron a la práctica los Juegos Olímpicos en honra de los seres inmortales en el año 776 antes de Cristo. El monarca de Élide concertó con el rey Licurgo de Esparta un pacto que perduraría a lo largo de los siglos. “Olimpia” es lugar santo. Quien ose entrar armado en este pasaje será marcado a fuego como sacrílego. Así mismo será impío aquel que, teniendo poder, no vengue delito tan atroz”.


No eran los únicos juegos que se celebraban en Grecia. Se celebraban otros como: los Píticos de Delfos; los Ístmicos de Corinto y los de Nemea.
Antiguamente, los Juegos tenían un carácter religioso. Se alzaba un altar en honor a Zeus, los sacerdotes depositaban ofrendas y hacían una hoguera para brindarlas en sacrificio.


Más tarde, los griegos hacían una competición entre adolescentes para ver sobre quién recaería la gloria de encender el fuego del sacrificio.
Los Juegos Olímpicos se celebraban en verano, durante el mes de Hecatombión, (que correspondería a los actuales julio o agosto), y cada cuatro años, período que llamaban olimpíada. En ese periodo se paralizaban los conflictos bélicos.


A partir de entonces comienza a funcionar un nuevo sistema de calendario en la antigua Grecia, calendario que mide el tiempo por olimpiadas, es decir, por períodos de cuatro años. Los Juegos Olímpicos eran para los griegos una solemnidad para la que nosotros no podemos
encontrar hoy día equivalente similar.


La tregua sagrada o Ekencheiria fue, al parecer, un convenio acordado en el 884 a. de C. entre los reyes de los Estados de Esparta, Pisa y Elida. La tregua prohibía todo tipo de actividad guerrera mientras los Juegos durasen, y declaraba inviolable el territorio de Olimpia, donde los Juegos iban a tener lugar, impidiendo el acceso al mismo de toda persona armada.


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