El inodoro es un invento casi sublime al que se trata de manera poco o nada poética; sin embargo, me llegan noticias de que se debe a la poesía, o mejor dicho a un poeta, el nacimiento de este reconfortante artefacto.
El inodoro, imprescindible ingenio de la civilización, tiene, al menos en Japón, un museo dedicado por entero a su memoria, y cuenta también con un día para celebrarlo. Ni qué decir que en nuestros días es impensable imaginar un hogar o edificio público que se respete y carezca de instalaciones sanitarias.
Volvamos al poeta. John Harrington, fue un bardo inglés contemporáneo de Shakespeare y por lo mismo, eclipsado literariamente por el vate de Avon. Sin embargo, a su favor tenía el ser ahijado nada más ni nada menos que de la mismísima Reina Elizabeth, la Reina Virgen. Cuentan las malas lenguas que Harrington se propuso traducir del italiano el Orlando furioso de Ariosto y que su madrina, al leer unas páginas de su traducción, la encontró inmoral. Como castigo lo desterró hasta que terminara lo que había comenzado -hablamos de unos 40 mil versos-.
Para sorpresa de todos, y de la Reina en particular, el ahijado volvió de su destierro con el trabajo terminado y rápidamente puso manos a la obra para crear su título más célebre: "La metamorfosis de Ajax", esta sí de su total autoría.
Hago un paréntesis para precisar que "La metamorfosis de Ajax" no versa sobre el héroe aqueo de la guerra de Troya, sino que es un ingenioso juego de palabras que hace referencia precisamente a lo que arriba ya mencionábamos. (“A Jakes” -que en inglés se escucha igual que “Ajax”- era una forma vulgar de referirse a un lugar para orinar y defecar).
En esta obra, Harrington habla de principio a fin de temas escatológicos. La metamorfosis aludida no es otra que la de las diferentes soluciones que se han dado al tratamiento de la pipí y de la popó, y cuyas máximas expresiones en aquellos tiempos eran la letrina y la bacinica.
En la parte estelar de la obra, el poeta da a conocer al mundo su invención: una letrina con taza, agua y un mecanismo que permite retirar los desechos, descripción que además incluye los planos del ingenio aquel.
Si algún éxito tuvo Harrington como escritor, fue ese. Su popularidad fue tal, que el mismo Shakespeare menciona "La metamorfosis de Ajax" en una de sus comedias. Aunque, claro, junto con la popularidad llegó el escarnio. Al parecer, el poeta deslizó en su obra algunas críticas a la sociedad isabelina. La reina no tuvo más remedio que mandarlo lejos de su vista, ahora a prestar servicio en una campaña militar, cruzando los dedos para que fuera herido o de una vez muerto, cosa que no ocurrió.
Bien que mal, el invento de Harrington no carecía de utilidad y fue la misma Reina la primera en aliviar sus apuraciones en él. Su palacio, antes que ninguno, contó con las novedosas letrinas diseñadas por el poeta.
Se sospecha que esta no fue la única contribución de Harrington al sanitario moderno. Cuentan las malas lenguas que sobre este protorretrete, la Reina tenía un ejemplar del poema… quizá el antecedente directo del papel higiénico.
