Cinco borradores en los que la escritora, a lo largo de varios años, modificó tiempos y el punto de vista del narrador, fueron parte del proceso de Obra negra, de Gilma Luque (1977, Ciudad de México), la más reciente entrega de la autora para Almadía. El riel sobre el que corre esta novela narrada en tres partes, las primeras dos en presente y la última, en pasado, está basada en lo que según ella vivió, como sostiene, porque cree que a veces no sabemos qué tan real es lo que recordamos.
En esta novela, la narradora hace un ajuste con su pasado; por ello eligió la literatura como refugio, más allá del desahogo que puede resultar el oficio de escribir. Gilma Luque reunió en esta obra la historia de su vida, basada en la autobiografía para luego ficcionar sus recuerdos, porque sostiene que las reminiscencias pueden también ser una mentira.
En entrevista para NOTICIAS Voz e Imagen de Oaxaca, Gilma Luque comparte sus premisas, sus procesos, su hallazgos y sus memorias. El mismo título de la novela alude a algo inacabado que está en continua construcción, algo que se detiene por un rato y continúa.
-Obra negra habla de un proceso inacabado, algo que en cualquier momento puede terminarse, ¿así lo planteaste en tu novela?
-La idea de esta novela parte de esa metáfora: lo que está en construcción, en este caso la identidad del personaje principal y por otro lado, la enfermedad de la madre. Obra negra porque también la casa que habita esta familia está en obra negra durante casi 20 años, tiempo que dura la novela.
-La metáfora tiene que ver con el tiempo; ¿cómo fue este proceso?
-Supongo que estamos en obra negra siempre, pensando en cómo concluir nuestra construcción de nuestra obra en sí. Yo pude haber acabado esta novela, pero también pienso que la empecé desde hace mucho y que en todos los tiempos que escribí antes estuve escribiendo esta novela, así será en los libros que escribiré porque son temas que me interesan, obsesionan y de los que quiero seguir hablando.
Autobiografía
-¿Cómo fue el proceso de construcción de los personajes?
Todos tienen mucho de real, todo es una especie de autobiografía que a veces se vuelve autoficción, los personajes parten de la vida real, pero en el momento en el que uno recuerda, empieza a ser ficción.
-Cómo es para ti la temporalidad real, como escritora, después de oscilar tanto en el pasado, futuro de la novela.
-A partir del presente recreamos y aunque parezca que siempre vivimos el mismo momento, me parece que siempre estamos viviendo en otros tiempos, en el de la añoranza o en el del deseo: futuro y pasado. Pensaba que yo tenía un problema con el pasado, intentaba alejarlo, aunque me había gustado la idea del mismo, pero desde la recreación, pero al mismo tiempo me interesaba tener una distancia.
"La novela es autobiográfica: mamá estaba enferma, entonces yo me había hecho falsamente a la idea de que en el pasado había sufrido demasiado y que mi infancia era horrible; entonces, a veces no quería acercarme mucho a ello, vivía en otro tiempo, sobre todo en el futuro, siempre planeando y proyectando".
-Acompaña a la novela esta idea de vivir en el futuro para no pensar en el presente, ¿cómo lo vives?
-Cuando escribía ficcionaba más. Tengo obsesiones, siempre hablo de temas muy oscuros, soy muy trágica, pero al mismo tiempo evitaba esos temas; en algún momento no sé si fue la edad, el tiempo o qué, pero pensé que lo mejor que podía hacer era confrontar y cuando lo hice funcionó muy bien, porque me empecé a dar cuenta que más allá de la tragedia estaba la vida y que había sido interesante ser niña, que la infancia define demasiadas cosas en la vida; en ese sentido fue el ajuste de cuentas.
Tres etapas
-¿La elección de los tiempos fue a propósito?
-Pude observar que la idea de la novela era que la narradora y la protagonista en sus tres etapas, en las que ella es un testigo, más que hacer juicios o hacer sentencias, ella nada más observa y cuenta lo que pasa, nombra lo que sucede. La elección de los tiempos fue a propósito, quería jugar con eso, quedarme en el presente y ser testigo de los hechos para poder ser objetiva; todo eso funcionó, me di cuenta que sí, que no era tan trágico, sí lo es en algún sentido, pero siempre que sobrevives puedes decir que no fue lo peor.
-¿Crees que la literatura, como catarsis creativa, sea capaz de liberar o sanar?
-Creo que la literatura podría funcionar de muchas maneras, no necesariamente tiene que ser una catarsis. Lo que más me interesa de la literatura, no sólo cuando escribo, sino también cuando leo: es hablar de tu pedazo de mundo, de lo que te ha tocado vivir, eso me atrapa, eso quiero que sea y lucho porque eso sea la literatura.
-¿Cuáles son tus fronteras y tus migraciones?
-Pienso en la migración como la idea de dejar se ser algo. La migración en la novela es la idea de dejar ser algo, una especie de huida, este personaje siempre está huyendo del destino, de la idea de no poder escapar de lo que te toca. En cuanto a las fronteras, creo que estas tienen que ver con la idea del destino, esta especie de límites que te pone la vida.
