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La madeja de Giuseppe

Foto(s): Cortesía
Redacción

Cloto, Láquesis y Átropos, son los nombres de las Moiras o Hilanderas, aquellas que sostienen los hilos de nuestras vidas, las que tejen a capricho el destino de cada cual, las mismas que hacían y deshacían ese tejido que fue la vida de mi abuelo. Cloto tenía entre sus falanges larguísimas el hilo que simbolizaba la  vida; Láquesis, por su parte lo medía, mientras incorporaba todas las vivencias, tanto las buenas como las malas; al final llegaba Átropos sosteniendo las tijeras afiladas con las que sin previo aviso cortaba lo mismo lana que seda y oro.


La infancia de Giuseppe transcurrió en la campiña italiana, rodeado de la naturaleza colosal; más de una vez en las charlas de sobremesa nos mantuvo cautivos con los relatos de sus correrías por aquellos paisajes que para mí representaban un misterio. Fue después de cumplir los 5 años cuando aquella infancia feliz tejida de seda y oro se vio trastocada.


Una noche, cuando la casa se encontraba sumergida en el silencio onírico de los que ahí descansaban, se dejó escuchar un ruido proveniente del cuarto de la abuela difunta; la madre de Giuseppe tomó una linterna y se dirigió a la habitación, la puerta estaba abierta; al entrar observó una silueta infantil que hurgaba entre los cajones del armario, ya había sacado el contenido de varios; al encender la luz vio un reguero de objetos en el suelo; los preciados brazaletes de coral que la abuela tenía tan bien escondidos que nunca pudieron encontrarlos, los camisones de franela, una gran cantidad de redecillas para el cabello, los cuadernos amarillentos con poemas que le encantaba escribir, sin mencionar las incontables flores secas que en el desorden escaparon de sus interiores.


La madre del pequeño volvió la atención al niño que no dejaba de desocupar los cajones, lo observó atenta, le llamó por su nombre “Giuseppe, Giuseppe”, la falta de respuesta le causó confusión, más se asombró cuando el pequeño se acomodó dentro de uno de los cajones vacíos; ahí se quedó en posición fetal con los ojos abiertos; por la cabeza de su madre pasaron varios pensamientos, pero su instinto la hizo tomarlo en brazos con delicadeza y llevarlo de vuelta a su cama; esa y las noches subsecuentes se quedó con él, sin poder evitar que Giuseppe continuara deambulando mientras dormía.


Continuará el próximo miércoles


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