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A la huella de Dmitriev

Foto(s): Cortesía
Redacción

Jesús Carrasco / Primera de dos partes


Salvo el poder, todo es ilusión.


Vladimir Lenin


Alexei Dmitriev era un joven ruso que nació en la ciudad portuaria de Vladivostok, Rusia. Una persona entregada a la curiosidad y con actitud de aprender cosas nuevas cada día. Tenía 27 años de edad sin aún conocer mujer en la cama. Un sujeto conspicuo en el ámbito del análisis político, ávido lector y con mucha sed de transformar el mundo; sus pocos amigos confirmaban estas características de Alexei, cada vez que alguien preguntaba quién era él.


La madre


Siempre quiso viajar fuera de su ciudad natal para explorar, conocer y saborear otros lugares. Sin embargo, cada vez que quería hacer algo nuevo o comprometido, prefería tomar el libro y continuar con la lectura anterior, en la minúscula casa que rentaba. La razón por la que el mundo se circunscribía únicamente a la urbe natal, fue el apego a su madre. Ella vivía a media hora, en tren, de la casa de Alexei. Era una mujer muy amorosa con él, siempre le tenía algo preparado de comer, a pesar de que supiera o no de la llegada del hijo preferido.



El padre


Cada vez que hacía la visita a la madre, tenía que ver a su progenitor; ya que éstos vivían juntos. Verlo no era del agrado para el joven Dmitriev. Para él, su infancia fue un suplicio al lado del padre, lo consideraba casi un monstruo con quien tenía que lidiar todos los días. Con mucha frecuencia fantaseaba que defendía a la madre de tal engendro, pero nunca pudo llevarlo a la realidad. Para Alexei, el padre no era amoroso, sino autoritario, dictador, violento, que sofocaba la armonía y el amor en el que vivieron la madre y él mientras crecía. Desde pequeño se fue formando la idea de ser distinto al papá, no quería saber nada que tuviera que ver o le recordara al procreador.


Lo político


A los 27 años, Alexei ya tenía un bagaje de casi nueve años en el activismo social. Mientras trabajaba muy temprano, por las tardes-noches se reunía tres veces por semana con el círculo más cercano para debatir y planear la actividad por hacer en los días subsecuentes. Acudía con gran entusiasmo a las reuniones. Considerado uno de los más férreos, disciplinados en el ámbito del activismo en el grupo. Visionario, podía inspirar a los demás para alcanzar los objetivos trazados. Siempre tenía el tiempo, la disposición, para estas funciones. Le fascinaba y lo hacía sentir vivo cada vez que se enfrentaba a su quehacer político.


En la organización era uno de los referentes, pero no el líder.


Continuará el lunes…


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