Alejandro José Ortiz Sampablo / Primera de cinco partes
El mundo comienza a desmoronarse en nuestras manos y no hemos tomado conciencia de ello. Semanas atrás, escuchaba a una joven de nivel secundaria decir lo siguiente: “cuando uno va bien en la escuela, piensan que están bien las cosas, y no es así”.
Si existiera un aparato que midiese los niveles de moralidad de cada época, la actual seguramente estaría alcanzando los niveles de alerta de dicho moralilómetro. Este mal chiste puede explicarse desde distintas aristas; una de estas son los juicios y parámetros con los que los padres pretendemos formar y hemos educado a nuestros hijos, de los cuales muchos de ellos se encuentran a la deriva.
Tres males actuales
Analizar el problema no es tarea sencilla. No hablemos todavía de plantear solución alguna, pues sería intrépido, rayar en la omnipotencia y porqué no, hasta estúpido de parte de quien se ostente con tal poder, ya que para tales complicaciones tendremos que abrir el espectro visual si deseamos encontrar solución a lo que al hijo o hija le acontece.
Salida muchas veces errada
Una propuesta inmediata a los malestares que presentan nuestros jóvenes nos la proporcionan los laboratorios. Llama la atención que ante los problemas de aprendizaje, el desorden en el dormir, los cambios abruptos de ánimo, la “orientación” sexual, el desánimo por la vida -y así podría seguir enumerando los males que aquejan a nuestros hijos-, aceptemos la idea que un fármaco es la solución, y muchas veces, aun cuando la madre o el padre no están convencidos, optan por darle el medicamento al hijo. Esto último se comprende, pues eventualmente ello es resultado de una función de la entidad psíquica llamada Yo; me refiero a la que se encarga de expulsar de él aquello que le produce o causará displacer; en otras palabras, le adjudica al mundo exterior lo que a él le compete. En el caso que nos ocupa, es preferible para el Yo aceptar la explicación de que aquello que le sucede al hijo es producto de alteraciones en las estructuras cerebrales, y no la última expresión que se decanta de la relación con ellos.
Advertencia
Llegado a este punto comenzará el recorrido espinoso y pantanoso, donde muchos padres preferirán seguir con sus viejas premisas e ideologías en la educación de los hijos, que aceptar una nueva formulación de las cosas.
Como mencioné, el recorrido no será sencillo, en momentos se tornará ambiguo, donde los extremos que dibujaré podrán dejar la impresión que no hay manera de resolver tal paradigma; sin embargo, les solicito sean pacientes, pues la solución la extraeremos de las mismas leyes y lógica a la que obedece el psiquismo humano.
Continuará el miércoles…
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