En la nota que antecede hablé sobre el derecho a no leer que menciona Pennac, que puede ser interpretado muy a conveniencia de quien lo lea, desde mi perspectiva se refiere a la capacidad y a la libertad de decidir leer o no, con sus respectivas implicaciones en la vida, no como un acto de obligatoriedad o peor aún como un boleto para no ser llamada tonta. He de mencionar que estas implicaciones las he aclarado en mi etapa adulta, es por ello que considero necesario que el acercamiento a la lectura venga desde el goce, aprovechar la curiosidad por descubrir propia de la infancia, así como la necesidad de compartir.
La invitación a leer llegó a mi existencia en los más tiernos años. Se han de preguntar ¿cómo, si en esa etapa de la vida aún no se sabe leer? En efecto, no como leemos de manera convencional, descifrando un código escrito, ese que en muchas escuelas resulta imprescindible, pero arbitrario aprender en el último año de educación preescolar, no, no me refiero a ese código. Mi observación va en torno a la capacidad de leer e interpretar todo lo que nos rodea, así como el cúmulo de sensaciones que llegan a conformar nuevas experiencias. En mi caso entró por el oído con la voz de mi hermana mayor quien además de todo es poseedora del don histriónico para hacer de una lectura una puesta en escena.
A partir de esa construcción que ella fabricaba para leerme y releerme aquel libro, yo con mis cuatro años era capaz de crear una nueva lectura, quitar o aumentar, hacer un juego alrededor de una historia que a ojos vistas podía ser simple y rutinaria. Es precisamente en donde se hallaba el goce, en ese descubrimiento del “yo puedo”, esa chispa que genera el impulso creador en el que la curiosidad resulta ser un ingrediente fundamental, no olvidemos que es natural e inherente al ser humano el querer descubrir, el observar, el saber.
Para invitar a la lectura no se necesita demasiado, actualmente se ha extendido la existencia de Salas de Lectura que ofrecen acervos en calidad de préstamo, colectivos que llevan sus lecturas a las comunidades, incluso las redes sociales están desbordando talleres, charlas, lecturas. Pero desde la casa ofrecer un libro al niño, dedicar un tiempo a su lectura, jugar, explorar, privilegiar la escucha, son actos que incidirán en la vida de los involucrados. [email protected]
