CIUDAD DE MÉXICO.- Los adultos, acostumbrados a conducir a los niños hacia su mundo en lugar de recorrer los territorios de la infancia, encuentran en el Gran Libro de las Emociones una suerte de mapa para invertir el trayecto y crecer juntos durante el camino.
Porque la adultez no garantiza la buena relación de las personas con sus propias emociones, advierte María Menéndez-Ponte, autora de la obra publicada por Duomo Ediciones que ilustra Judi Abbot e incluye, además de cuentos, textos instructivos del Centro de Educación Emocional La Nave Espacial, con sede en Barcelona, España.
"Creo que hay bastante analfabetismo emocional, incluso de los propios padres; en la sociedad falla mucho el tema emocional", opina la ganadora del Premio Cervantes Chico por el conjunto de su obra.
"El bullying y todo lo que enfrentan los niños en los colegios es reflejo de lo que está pasando en sus propias casas, donde hay mucha violencia, donde ven cosas terribles y viven infancias que son poco infancias: viven la vida de los adultos; los padres incorporan a los niños a sus vidas, no ellos se hacen a la vida de los niños y esto se está notando mucho en la sociedad, que está muy enferma".
La esencia de la vida
Este libro, añade, permitirá a los padres identificar sus carencias, mientras los niños indagarán temas como la confianza, la envidia y el respeto, entre brincos de ranas, cocodrilos fisgones y vacas criticonas.
"La esencia de la vida es precisamente saber reconocer las emociones, saber expresarlas, saber gestionarlas", enfatiza la escritora originaria de La Coruña, España, quien aprendió a reconocerse a sí misma en los libros que le acercaban sus padres o que hallaba en la biblioteca escolar o en el colegio donde la internaron, porque estaba "asilvestrada", cuenta.
"Cuando era pequeña tenía la sensación de ser una extraterrestre, de haber aterrizado en un planeta que no era el mío (.) la literatura contuvo las instrucciones de vida que me faltaban, una guía para estar en este mundo y entenderlo. Verme reflejada en historias de niños como yo me ayudó a sentirme comprendida, porque ves que no estás sola en ese tipo de emociones; a veces la emoción te desborda porque estás muy perdida en ella y cuando ves que a otros les pasa lo mismo es un paso gigante. En mi caso, la literatura fue la mayor ayuda para desarrollar una inteligencia emocional", evoca.
Cada cuento de Menéndez-Ponte corresponde a una emoción --30 en total--, de la envidia al egoísmo, del amor a la calma, de la compasión a la adicción a la pantalla y las relativas a la identidad sexual o a la muerte.
Los temas más complicados, como la muerte, son los que más deben abordarse, en lugar de ocultarlos, aconseja.
Las emociones tampoco deben reprimirse, sino controlarse, previene.
