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Héctor Zagal presenta El Inquisidor

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Cuando terminó de escribir El inquisidor, Héctor Zagal  (Ciudad de México, 1952) agradeció no haber nacido en el siglo 18, porque de haber sido así hubiera terminado en el calabozo, así como los lectores de esta ficción y hasta quien lo entrevistara para hablar de ella. El filósofo y escritor mexicano sentencia estas reflexiones en plena entrevista. Su novela publicada por Planeta relata a un México virreinal desconocido y cobijado por depravaciones en los templos y mansiones.


La actuación del Tribunal del Santo Oficio en lo que fue la Nueva España, provocaba tal terror en la población, que muy pocos se atrevían a pronunciar su nombre en voz alta ante el riesgo de que alguien lo malinterpretara y procediera a una denuncia que, por lo general, iba acompañada de los más aberrantes castigos y el escarnio social.


Ficción histórica


El Inquisidor (Planeta, 2018) como el mismo Zagal la define, es una ficción histórica, una trama redonda que retrata con gran detalle el estilo de vida de la sociedad colonial, donde el poder de la religión llegaba incluso a superar al de las autoridades civiles.


"Tuve la fortuna de haber nacido en un país con libertad de consciencia, con separación de la iglesia y el estado. Hay países donde no hay esta libertad, en los que la homosexualidad es un delito penado de muerte y el adulterio es perseguido por leyes penales. Aún hay países ricos desarrollados económicamente donde no se ha dado una separación de la iglesia del estado, creo que es oportuno recordarlo".


El autor, apasionado de la historia, comparte que en El inquisidor, además propone un análisis de otros dramas: el de la burguesía comerciante frente a una aristocracia perogrullada por sus títulos, pero sin espíritu. En esta novela, el narrador explora también el tema del amor, ya que en el siglo 18 la mujer era considerada una pieza de ajedrez de cambio y los acuerdos nupciales, producto de alianzas comerciales. Esta sociedad machista es la que también retrata Héctor Zagal.


Define tres textos claves en esta ficción histórica: el epígrafe de Jorge Luis Borges sobre el inquisidor: ¿qué sentiría el inquisidor cuando llegue al cielo y se encuentre con Dios? El gran inquisidor, de Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski, que presenta a un inquisidor que se encuentra con Jesús y lo condenan a ser ejecutado. Y El nombre de la rosa, de Umberto Eco.


En esta última referencia aparece claramente la antítesis y oposición en dos personajes: el dominico duro con visión de la vida en crisis, frente a un jesuita que leyó a Newton y a Descartes, quien representa a la modernidad y la apertura.


La Antequera, en la obra de Zagal


En esta novela, uno de los personajes, Rodrigo González, ha hecho fortuna de comerciar con la grana cochinilla y el palo de Campeche, de México a Europa; esta referencia hacia Oaxaca, con el primer producto, es un guiño del autor con la entidad, aunque buena parte de la novela tiene lugar en la Ciudad de México.


"Situada en el siglo 18, en esta ficción quise mostrar la complejidad del virreinato que iba de alta California hasta Panamá, donde se comerciaba con China, India y Japón a través del Galeón de Manila. Doy cuenta de este comercio intenso en el que también se mueve el chocolate de Chiapas que llega a las cortes europeas y en el que la grana cochinilla la utilizaban los grandes pintores europeos".


Héctor Zagal confiesa que retratar este virreinato lleno de contrastes en una época de cambio, en el que la modernidad va llegando al virreinato, fue uno de sus intereses fundamentales para lograr este retrato de la inquisición, desde una perspectiva no sólo de historiador, sino desde fuera, para poder entender la sicología de aquellos personajes, los inquisidores.


"Me interesó de estos personajes ficticios explorar el mecanismo de auto engaño, de la auto justificación, del Jesús perdona a pecadores, pero es capaz de pronunciar sentencias de muerte a un niño de 14 años por homosexualidad. En El inquisidor me interesaron dos objetivos: revalorizar las historias que se pueden contar de la Nueva España y explorar desde dentro a estos personajes".


Persecución implacable


El lujo y la vida de placeres que caracterizaba a los miembros de la clase alta del país contrastaba con el trato que recibían los menos favorecidos en la escala social, quienes, sin embargo, tenían la ventaja de que en muy pocas ocasiones recibían la minuciosa vigilancia de la Inquisición, como sí ocurría con los españoles peninsulares y los criollos.


Bajo ese yugo es donde se desarrolla la historia de cuatro jóvenes con vidas de privilegios, que de manera inesperada y debido a una conspiración urdida por quien menos se esperan, se ven tocados por una serie de crímenes y envueltos en la persecución implacable de Fray Joaquín de Salazar, El Inquisidor, y la arriesgada defensa del jesuita Xavier Goñi, cuya formación religiosa lo coloca en permanente confrontación con el titular del Tribunal del Santo Oficio.

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