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Fin de año: Navidad, esperanza y adversidades/ quinta de siete partes

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una vez hecha la advertencia, prosigamos con el caso. Es en una posterior narración donde la madre incluye que no ha sido como otras mamás, las cuales sí quieren a sus hijos; que cuando se encontraba embarazada, no sentía amor por el ser que se engendraba en ella, y aunque no pensó en el aborto, en su pensamiento siempre se mantuvo el deseo de no ser madre.


Inicio del idilio


Para no seguir refiriéndonos a nuestra paciente como ella, llamémosla Carmen. Cuando conoció al padre de su pequeño cursaba el bachillerato, al que pudo ingresar después de insistirle a su mamá que la dejara estudiar, pues su ilusión era convertirse en abogada o contadora. Su madre le repetía que no perdiera el tiempo, que mejor se pusiera a trabajar. El joven, al conocerla, se las ideó para conseguir su número de celular, y así inició la conquista. La llenó de halagos; cuando se enteró de que Carmen estaba embarazada, le dijo que se iría a los Estados Unidos para ganar dólares, que eso siempre había querido y que se le presentaba la oportunidad de hacerlo, así que partió; en los meses que siguieron se comunicó un par de veces y no volvió a saber de él.



Cómo un ser humano se sumerge en la rutina


A su corta edad, Carmen no se percata que el acontecer cotidiano la fue sumergiendo en una tristeza y enojo. La relación con su madre, tensa de años atrás, se tornó más difícil, pues ante cualquier molestia le reprochaba su situación. Una vez que nació su bebé, intentó seguir la universidad de manera abierta; su mamá le repetía que además de perder el tiempo gastaba la energía eléctrica, pues ella lo hacía por las noches, al regreso del trabajo.


Pasaron los meses, conoció a quien sería su pareja y con el que se juntaría más tarde; agradece que es un hombre bueno, pero en palabras de ella, “lo tiene que andar arreando, pues es flojo y no posee iniciativa, parece como si tuviera dos hijos”.


La primera cita


Tengo que hacer una breve pausa, para recordarles que este ejemplo tiene una finalidad, mostrarles cómo nuestra vida adulta está definida por lo infantil. Intento brindarles los detalles necesarios para ello.


El día que Carmen llega por primera vez al consultorio, lo hace con su hermana y su hijo de 4 años; la hago pasar, antes de abandonar la sala de espera da un sinnúmero de indicaciones al pequeño. Una vez dentro, lo primero que me dice, al parecer a modo de justificación, lo que compruebo después que es así -que su niño no puede quedarse solo, porque es muy inquieto, por eso vino con su hermana y la necesidad de tantas indicaciones-.


Continuará el lunes…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


Queridos lectores, aprendamos juntos a afrontar la adversidad. Opongamos resistencia a entregarnos a la disposición infantil, no a la que nos posibilita la felicidad, pues en ella conviven las polaridades. Más bien, a aquella en la que el ser humano, en aras de evitar el displacer o lo que le resulta chocante y por procurarse el mayor placer posible, termina por ser sedicioso o se llena de afectos adversos que lo llevan por mermar su salud, bienestar anímico y a ser partícipe del resquebrajamiento del lazo social.


¡Les deseo feliz Navidad!


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