En la incesante búsqueda de respuestas acerca de nuestros pensamientos y conductas, surgieron distintas corrientes de pensamiento filosófico con sus respectivas teorías.
Una teoría que rompe esquemas
A finales del siglo 19 y principios del 20, Freud realizó un trabajo de investigación exhaustivo que rompió con el pensamiento dominante, al mostrar lo que descubría en la escucha de sus pacientes.
Descubrió que en el interior de la persona se mueven fuerzas que luchan unas contra otras, todas en búsqueda de una satisfacción; sin embargo, éstas al ser contradictorias provocarán conflicto, síntoma, pues cada una busca sus satisfacción, surgiendo de esta manera displacer en aquellas partes que no cumplen su cometido.
Para explicar este fenómeno, Freud tomó como objeto de estudio al yo, entidad psíquica que es el rostro del alma, dedicándole a las llamadas patologías una observación minuciosa, pues ellas muestran de manera exacerbada las reglas a las que obedece la vida interna.
El comienzo
El pequeño vive en la autocomplacencia, atendido en sus requerimientos por los adultos; el límite del niño es la satisfacción, esto último hace que a la vista del lego aparezca como sin límite. Estas manifestaciones se pueden observar si uno pone atención en cómo los adultos le prohíben al niño realizar actos que atenten contra su salud, o que consideren incorrectos.
Los que han observado estas manifestaciones, pudieran decir, pero eso sucede solo cuando se es pequeño, quitando la importancia de esta época como si no formara parte de nuestra historia y vida actual.
En mi quehacer psicoanalítico, durante el proceso terapéutico con cada paciente, puedo observar no solo el dinamismo psíquico de las fuerzas internas en constante lucha, así como la atemporalidad de aquello registrado en su pasado lejano (en la niñez). Lo asombroso es que el paciente continúa repitiendo esa dinámica que se fijó en la temprana infancia. Muchas veces esto no es explicable con las reglas del pensamiento de la razón, por eso una idea general de este acontecer psíquico y un tanto equívoco, es el de la herencia o genética.
El diablo y el ángel
Llegaron a mi mente las imágenes populares con la que se representa esta lucha. Un diablito que manda hacer cosas consideradas indebidas y un angelito que insta a realizar lo correcto. La otra que alude a la lucha entre lo que se piensa y se siente, un corazón y un cerebro.
Invitación
Para quienes deseen ahondar un poco más, los invito a que me acompañen en la lectura del texto de 1932 escrito por Sigmund Freud, La descomposición de la personalidad psíquica, que se convirtió en un referente para explicar el acontecer del alma.
Continuará el miércoles...
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!
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