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El ojo en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Cuando inició la pandemia, nadie se imaginaba los alcances que esta llegaría a tener. Entre la incertidumbre y la inexperiencia institucional, pues nunca en la historia reciente nos había tocado vivir tal situación de pandemia, las primeras semanas de encierro pasaron entre la incredulidad y el asombro de la sociedad e instituciones a nivel mundial. Nunca una realidad había sido tan mundial como esta, que nos amenaza a todos y de la cual algunos ya comienzan a sacar ventajas y beneficios.


Era finales de marzo cuando la gente compraba cientos de rollos de papel higiénico (¿ya lo habrán terminado?), se comenzaban a cancelar eventos públicos, deportivos, reuniones, y un largo etcétera. Ahora, comenzado noviembre, a siete meses de la declaratoria de emergencia sanitaria, la gente sigue incrédula viendo cómo muchas autoridades municipales prohíben todas las actividades relacionadas con la festividad de Día de Muertos (tan arraigada en Oaxaca), mientras el Gobierno Federal coloca al estado en semáforo amarillo, en el cual (según la página www.coronavirus.gob.mx): “El espacio público abierto se abre de forma regular, y los espacios públicos cerrados se pueden abrir con aforo reducido”. Algunas contradicciones son tan evidentes que permanecen ocultas a los ojos. Ya fuimos testigos de la irresponsabilidad de la gente que abarrotó las calles, realizó fiestas, olvidando la terrible época que atravesamos.


La lectura que viene a mi mente es que mientras en algunos municipios prohíben la conmemoración pública del Día de Muertos (cierre de panteones y templos), el Gobierno Federal pone al Estado de Oaxaca en la lista amarilla en el “Semáforo de Riesgo Epidemiológico” para reforzar la imagen pública del Gobernador del Estado a nivel nacional, pues ya es vox populli su fogueo en medios para buscar aspiraciones políticas federales, así como para posicionar a Oaxaca en la mira de turistas internacionales (una vez más) quienes aprovecharán la situación económica por la que atraviesa la sociedad oaxaqueña para obtener algún beneficio, como se ha venido haciendo desde hace varios años con la gentrificación de la ciudad de Oaxaca, solo que ahora la costa oaxaqueña está en la mira.


En octubre de este año encontré en circulación una publicación gratuita dedicada a la venta de propiedades en la zona costera del estado, en Huatulco específicamente (la cual tengo en mi poder, con el número 101). Se trata de una publicación en inglés, desde el título, editorial, artículos (simples, de relleno, de poco interés) y repleta de elementos publicitarios,  publicación dedicada exclusivamente a la venta de bienes raíces. De sus treinta y seis páginas (más portadas), veinte de ellas están repletas de oportunidades de inversión en propiedades en la costa oaxaqueña, cuyo costo es algunas veces mayor a las seis cifras (en dólares por supuesto), costo inaccesible para el grueso de los oaxaqueños, pero que se encuentra dentro de las posibilidades de compra para un pequeño porcentaje de la población mundial, la cual estará muy al pendiente de los precios de la tierra en paraísos tropicales. Todo esto, mientras la pandemia nos mantiene dentro de nuestras casas.


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