A quien tiene la desventura de morir el último día del año (día de San Silvestre, 31 de diciembre), le espera la penosa tarea de conducir la carreta de la muerte que recorre el mundo recogiendo las almas de los fallecidos para llevarlos al descanso final; tal reza la tradición escandinava.
La sueca Selma Lagerlöf, nacida en 1858, fue la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Literatura. Aunque reconocida mundialmente por “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”, en su prolífica obra también gustaba de recoger las tradiciones de su país y darles el tratamiento de las populares historias de espectros cultivadas por, entre otros, Henry James y Robert L. Stevenson; tal hace con “El carretero” (1912), traducida en el mundo hispano como “El carretero de la muerte”.
Es el día de San Silvestre. En su lecho de muerte, Sor Edith (una joven integrante del ejército de salvación) pide le hagan traer a David Holm, un irredento pecador con el cual ha mantenido una larga pugna moral y espiritual, para advertirle de la desgracia que está a punto de ocurrirle, pues teme que su mujer, harta de sus maltratos y borracheras, piense en cometer una locura.
Casi al mismo tiempo, el hombre en cuestión yace tirado en un jardín contiguo a la iglesia, después de haber sido atacado por sus compañeros de juerga. El hombre, semi escondido por la hierba, no puede moverse y nadie lo auxilia a pesar de que muchas personas se han congregado en el templo con motivo del Año Nuevo; hasta que por fin, David Holm mira venir a su antiguo camarada Jorge que, caracterizado como carretero de la muerte, piensa: “No se pondrá muy contento este desdichado cuando sepa que va a relevarme en mis funciones”.
Así, Jorge, quien lo iniciara en el camino del vicio, levanta a Holm de la hierba para comunicarle que está muerto y que durante el siguiente año será el encargado de conducir el carro de la muerte.
La historia, a semejanza de “Un cuento de Navidad” de Charles Dickens, deviene en una fábula moral en la que el protagonista, a través del sacrificio de la Hermana Edith, debe enderezar sus pasos para evitar que su mujer se envenene a sí misma y a sus hijos, tratando de escapar del tormento de la vida en común.
"El carretero de la muerte" fue escrita a petición de una institución que luchaba contra la tuberculosis (la enfermedad que aquejaba y finalmente manda a la tumba a la Hermana Edith). En ella se intenta concientizar a los hombres acerca de las consecuencias que el vicio y el maltrato pueden tener en las familias. De forma que el talento de la ganadora del Premio Nobel se pone a disposición de una causa social.
El cineasta sueco Victor Sjöström dirigió y protagonizó en 1921 la versión cinematográfica de este relato. La cinta, considerada una de las mejores del cine sueco, gozó de bastante popularidad y su estética tuvo una gran influencia en las posteriores cintas de misterio y de terror, así como sorprendentemente en algunos músicos y artistas sonoros que han creado piezas con este tema.
