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El Lector Furtivo: De animales a dioses

Foto(s): Cortesía
Redacción

Un grupo de monos verdes escucha un gruñido de alerta que hace a todos voltear al cielo y dejar lo que están haciendo. Al parecer, este gruñido se puede traducir como “Cuidado, un águila”. Al poco tiempo se escucha otro sonido que podría traducirse como “Cuidado, un león”. Todos los monos corren y trepan a lo más alto del árbol. Ahora bien, estos sonidos no han sido emitidos por uno de los monos, se trata de grabaciones reproducidas a través de unas bocinas instaladas por un equipo de científicos que han podido determinar de esta forma la diferencia entre estas dos señales.


Al parecer, todos los animales desarrollan una suerte de “lenguaje”, una capacidad más o menos efectiva para comunicarse. Pensemos por ejemplo, en la increíble danza de las abejas que pueden determinar la ubicación exacta de un campo de flores, o en los silbidos y chasquidos que emiten ballenas, delfines y orcas, capaces de viajar cientos de kilómetros y con los que pueden llamar incluso a determinados individuos de sus manadas. No es menos asombroso que los miembros de un hormiguero puedan entrar en guerra o crear grandes cadenas de suministro de alimentos a través de la secreción de sustancias químicas; pero ninguna de estas especies, incluyendo las especies humanas contemporáneas del Homo Sapiens, fueron capaces de desarrollar el lenguaje increíblemente sofisticado y complejo que éste ha logrado alcanzar.


Se ha medido que los niveles de cooperación entre individuos de una misma especie tiene un número limitado. Aproximadamente un grupo de 150 monos podría identificar a su líder. Rebasando este número es seguro que se desatarán conflictos que podrían terminar con la incisión de la manada e incluso con episodios de violencia extrema. El lenguaje humano con su capacidad sin precedentes de crear mitos, ha hecho posible la cooperación con individuos absolutamente desconocidos. Algo que las otras especies no pueden siquiera imaginar.


Los primeros Homo Sapiens, aunque físicamente idénticos a los seres humanos que hoy poblamos el planeta, eran incapaces de comunicarse y de pensar como nosotros. Así lo indican los vestigios de miles de años compartiendo la tierra con otras especies de humanos (denisovanos, neandertales y erectus)  que lo superaban, no sólo en fuerza física, sino también en los terrenos técnico y artístico.


De repente, hace aproximadamente 70,000 años “algo” sucede. A partir de entonces, el Homo Sapiens explota demográficamente, realiza proezas adaptativas que le permitirán poblar todos los ambientes del mundo desplazando a las otras especies humanas y orillándolas a su extinción.


Estas hazañas, se encuentran narradas de una manera apasionante en el libro “De animales a dioses. Breve historia de la humanidad” que en 2014 publicó el polémico historiador israelí Yuval Noah Harari. En él se pondera el papel del lenguaje para el desarrollo de la humanidad por su capacidad de generar mitos y ficciones, ya que, finalmente, los países, las religiones o los sistemas económicos no son sino ficciones producidas por el lenguaje y la interacción social.

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