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El festín de la vendimia/ última de dos partes

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una mujer caminaba con su niño en brazos; a ratos lo bajaba cuando era propicio, tendría unos dos años, sus pasos avanzaban breves, casi ingrávidos, pues su madre mantenía su mano tomada, buscaban luces, adornos baratos entre los puestos de aquel festín de vendimias; no llevaban más que lo justo para comprar algo que iluminara su hogar, quería regalar a su hijo una Navidad diferente.


Anocheció, el pequeño se había dormido, esperaban el autobús, todos pasaban llenos, no se detuvo ninguno. No quedó más que parar un taxi, indicó el destino, acomodó sus cosas, resbaló una cajilla, se inclinó a recogerla, al mismo tiempo sintió algo más en el piso del auto: una cartera. La tomó, la guardó en su bolso. Una sensación de júbilo la invadió, quería llegar pronto a casa para revisarla, pensaba que era buena suerte, pero inmediatamente su alegría se transformó en zozobra, quizá estaba vacía, concluyó que eso no importaba, pues lo adecuado sería buscar a su dueña: era cartera de mujer.


Entró a casa, recostó al niño en la cama, puso el objeto en la mesa, con temblor de manos corrió el cierre, diez, quizá más billetes de 500 pesos. ¡Cuántas cosas podría comprar para ella y para su hijo esta Navidad! Un tren de luces para Gil. Al momento hurgó en los demás compartimentos: credenciales, tarjetas del banco, un par de fotos, la de un hombre, la de una niña, se veía que era de alguien que ganaba buen dinero. “Es Navidad, no puedo quedarme con algo que no es mío”, pensó, buscó datos, algún teléfono o dirección.


Al día siguiente hizo la llamada en un teléfono de alquiler, contestó una voz femenina. Hablaron, acordaron el encuentro. La dueña de la cartera, pensaba que la entregarían vacía, pero a esas alturas solo quería recuperar sus documentos. La esperaban en el parque una mujer con su hijo en las piernas, se miraron, un “gracias” seguido de un “de nada”. La dueña iba con una niña, quien llevaba una caja de chocolates que entregó a la mujer del niño como gesto de gratitud. Se despidieron, un grito hizo que madre e hijo volvieran la vista, era la mujer que con lágrimas en los ojos les había alcanzado, jamás imaginó que sus billetes estuviesen completos, tomó dos, los obsequió a quien por encima de su necesidad actuó honestamente. Para ambas ya era Navidad.


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