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Consolidación nacional: México (post) revolucionario

Foto(s): Cortesía
Redacción

Después de más de tres décadas en el poder, el caudillo que luchó para defender su patria, convertido ahora en dictador, se ha vuelto viejo. Si bien su mano seguía firme, el ánimo popular había dejado de ver en él al héroe que defendió la recién formada patria, y una nueva generación de mexicanos (ahora sí, ya mexicanos) había vivido bajo la tranquilidad esa treintena de años y veía en el otrora soldado de la patria un vil dictador.


El descontento era en todo el país y (siguiendo una larga tradición de levantamientos) grupos organizados comenzaban una guerra popular que  poco a poco tomó forma en toda la nación. El dictador, quien en carne propia había vivido los horrores de la guerra, decide renunciar, esperando que ese acto termine el derramamiento de sangre mexicana, pero solo era el comienzo.



En principio, toda revolución social sigue un objetivo: quitar a quien se encuentre en el poder y establecer una nueva forma de gobierno, una que cubra las carencias de quienes no se vieron favorecidos durante la época anterior al estallido. Aunque el movimiento consiguió la renuncia del dictador, el nuevo gobierno se vio imposibilitado de dar respuesta a las demandas revolucionarias populares, pues inmediatamente después de la renuncia comenzó una lucha descarnada entre todos aquellos que se aseguraban herederos del poder presidencial. Nuevamente se forma un levantamiento armado para buscar solución al eterno problema del gobierno en México, solo que ahora, la guerra era mexicano contra mexicano.


A finales del siglo 19 y comienzos del 20, cubrir todas las carencias en un solo proyecto revolucionario era una labor imposible (considero sigue siéndolo); debido a ello, múltiples levantamientos comenzaron a explotar a lo largo del país, cada una con sus propios ideales y valores. Las demandas sociales y lucha agraria eran las solicitudes más apremiantes, aunque cada bando en pugna se asumía como el auténtico defensor de los ideales revolucionarios. Así, con el destierro del dictador y la lucha por el poder, comienza una época de transformación nacional caracterizada por levantamientos armados populares encabezados por algún general, y por una serie de traiciones entre sus participantes que acabaría por ser la semilla misma del México contemporáneo. Al fin, la revolución triunfante se alzaría con el máximo hito en la historia patria: la Constitución de 1917.



Concluidas las guerras internas de revolución, con sus líderes populares muertos a traición, la nueva nación mexicana se abre paso entre las nostalgias por el antiguo régimen y el gozo popular por el triunfo revolucionario, que logra por primera vez, desde la época dictatorial, establecer un orden e identidad nacional disfrazando un estado democrático a nivel mundial a través de la lucha electoral, el dictador había hecho lo mismo. Lentamente se comenzaba a establecer lo que se transformaría al final en la maquinaria encargada de controlar el poder en México, la revolución triunfante transformó la persona del dictador en un ente inmaterial, formado por las aspiraciones de todos aquellos deseosos de que “la revolución les hiciera justicia” y dispuestos a todo por obtenerla.


Las fuerzas revolucionarias transformaron su campo de batalla hacia las urnas electorales. Todo el poder seguía recayendo, como siempre lo ha sido en estas tierras, sobre la figura de un solo hombre, un emperador en turno, amo del país y su falsa democracia, llevados al poder a través de procesos electorales que poco han cambiado y que son resultado de toda nuestra identidad nacional, pues cada pueblo siempre tiene el gobierno que se merece.


 


"Al terminar la revolución mexicana,  todo el poder seguía recayendo, como siempre lo ha sido en estas tierras, sobre la figura de un solo hombre, un emperador en turno, amo del país y su falsa democracia".



 


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