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Conferencia "Vida y obra de Rufino Tamayo"

Foto(s): Cortesía
Redacción

El pasado sábado 21 de noviembre, en las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca se llevó a cabo la conferencia "Vida y obra de Rufino Tamayo",  impartida por Ingrid Suckaer, autora del libro "Rufino Tamayo: Aproximaciones" (2000), dicha actividad formó parte de la 19 Bienal Rufino Tamayo y sirvió como preámbulo para la entrega de los premios correspondientes al evento. La cita fue a las 18:00 hrs, la entrada era libre y tuvo un aforo limitado a 60 personas por obvios motivos.


Adentrarse a la vida de Tamayo motiva todavía más a conocer su obra. La determinación en su personalidad para seguir su instinto e impulso en lugar de las grandes corrientes de la época, hacen de él un gigante atemporal que rompe con lo tradicional, pues cuando Tamayo entra en desacuerdo con lo establecido con la visión del arte postrevolucionario (muralismo) él revoluciona el status quo del arte nacional (por algo el Museo Nacional de Arte Contemporáneo lleva su nombre), moldeándolo en su vida, abriendo nuevas perspectivas, generando nuevos paradigmas y evolucionando el colorido de las paletas. Rufino se sabía diferente, se atrevió a serlo y a hacerlo y venció.


Tamayo nació un 26 de agosto de 1899 en la calle de Cosijopí 215 (antes calle de la Rueda), (era virgo de signo zodiacal y el año chino del cerdo amarillo de tierra), a los 11 años había perdido a su madre y padre y fue adoptado por sus abuelos quienes se mudaron a la ciudad de México en búsqueda de mejores oportunidades de sobrevivir. Ahí llegaron a vivir a una vecindad en donde convivieron con zapatistas de la época y así, nos podemos imaginar en una noche de 1910 a un niño de once años escuchando canciones revolucionarias (formadoras de su conciencia social), mientras observa el paso del cometa Halley (eso compartimos Tamayo y yo, ambos vimos el cometa Halley, él en 1910, yo en 1986) y acomoda la colorida fruta que habrá de venderse en el mercado de la merced al día siguiente.


El resto de la historia está bastante documentada: su ingreso a la academia de San Carlos, la ruptura consecuente, su ingreso como dibujante al Instituto Nacional de Antropología (de donde adquiriría el respeto por el mundo precolombino tan en voga en esa época), la búsqueda de su propia voz, el reconocimiento internacional previo al despunte, su primera relación con María Izquierdo (la figura paterna que fue para las hijas de ella), el encuentro definitivo con Olga, también su legado primordial, sus casas de asilo que llevan su nombre, el Museo de Arte Precolombino, maravilloso, que llamó la atención de Julio Cortázar quien se declaró admirador de la obra de Tamayo y que cuando se enteró que en Oaxaca existía dicho museo vino a esta ciudad a conocerlo. En algún lugar dentro de la caja fuerte del Museo de Arte Precolombino Rufino Tamayo se encuentra una página con un texto escrito por el puño y letra del grandísimo cronopio. Las historias engarzadas de la vida.


La importancia de Rufino Tamayo en la historia del arte nacional es indiscutible, abrió camino para que pudieran aparecer otras miradas como Rodolfo Morales, Francisco Toledo, Alcázar, además de la creación del Taller Rufino Tamayo (que ahora regentea la Seculta y con el cual el maestro acabó muy disgustado por el mal uso que dieron a su nombre), nunca tuvo aprendices directos ni discípulos, ni siquiera descendencia, existían para él solamente su pareja y el arte. Compartió su semilla e ímpetu de vida a través de sus creaciones, dejando una herencia para todo el mundo.


contacto: [email protected]

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