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A casi 70 años de la visita de Juan Rulfo a Oaxaca, San Juan Luvina inaugura su primera biblioteca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Cuando Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno viajó por la Sierra Norte de Oaxaca, las comunidades que crecen entre las montañas tenían caminos más rústicos, el paisaje era más agrestre y las veredas complicadas. La modernidad estaba distanciada de estos pueblos, la educación era todavía un sueño para ellos y sobre todo vivían al olvido de las autoridades. Hoy han cambiado muchas cosas, aunque la pobreza sigue latente, los deseos de superación han llevado a una comunidad de esta región de Oaxaca a construir su primera biblioteca comunitaria. 


Gracias a que los habitantes de estas poblaciones aprendieron a vivir sin depender de la ayuda institucional, se organizaron en comunidad, se han interpuesto incluso a las inclemencias del tiempo y hoy celebran la resurección de un pueblo, que en su momento Juan Rulfo describió como muerto, aquel lugar en el que se desvanecían los sueños y la gente huía, hoy resurge y celebra el centenario de uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo xx.



Los libros que integran la biblioteca 


Ahora los habitantes de San Juan Luvina pueden acercarse a obras de Shakespeare, mitología griega, textos de Fernando Savater, del mismo Juan Rulfo y hasta una enciclopedia británica, entre otros títulos. Los libros fueron donados por la editorial Penguin Random House, escritores mexicanos y los oaxaqueños que se dieron cita en los tres centros de acopio instalados en la capital del estado.
Las autoridades locales aseguran que habrá un nicho especial en este espacio público, para exhibir las obras de Cristina Rivera, Rosendo Pérez García y Rulfo, pues gracias a ellos el pueblo es conocido por muchos nacionales y extranjeros. 



La gente de Luvina


En esta comunidad serrana habita gente que se dedica a las labores del campo, en los caminos puedes encontrarte con los más viejos del pueblo al cuidado de sus animales, los niños se reúnen en la cancha de basquetbol y ahora también podrán acudir a la biblioteca.
Los habitantes de Luvina no superan las mil personas y aunque cuenta con un alto indice de migración, los jóvenes que se quedan a estudiar sólo se les ve en el pueblo hasta que cumplen 14 o 15 años, pues la preparatoria más cercana está a más de una hora y media de camino. Las casas son modestas y no existen restaurantes, algunas mujeres han abierto sus cocinas para recibir comensales, los cuales degustan de un menú totalmente regional y modesto, pero con un sazón inigualable. 



¿Qué celebró San Juan Luvina?


Al muy estilo de los pueblos de Oaxaca, los habitantes de San Juan Luvina se reunieron en la explanada del palacio municipal, mientras una bocina anunciaba que iniciarían los festejos, de lo que para muchos fue un sueño hecho realidad, su primera biblioteca, la cual se acordó construir tras una asamblea del pueblo. Una comunidad de la que hoy se tiene conocimiento a nivel nacional e internacional gracias a Juan Rulfo. 


Mientras en otros lugares celebran la apertura de restaurantes o plazas comerciales, a Luvina le llenó de alegría tener por fin una biblioteca, uno de esos espacios que en el ambiente citadino ya se les visita muy poco. 



La Luvina “Rulfiana” que finalmente emigró 


Si bien San Juan Luvina no es el lugar al que llegó Juan Rulfo en la década de 1950, sus habitantes son descendientes de esas familias que tuvieron que huir de la miseria y tristeza que relataba el escritor del “Llano en llamas”. El pueblo que hoy lleva este nombre fue instalado a finales del siglo XVI, tras una peregrinación de estas familias que decidieron emigrar al pie del cerro de la Piedra Gris. Aunque sigue existiendo el Luvina viejo, se tiene que caminar más de media hora para llegar aquel lugar en el que anida la tristeza. 



Las remesas de Santa Mónica, California 


Así como en el cuento de Juan Rulfo, en San Juan Luvina casi no se ven muchos jóvenes, la mayoría se encuentra en Estados Unidos, pero sin olvidarse de su raíz. De hecho a través de una asamblea que se llevó a cabo en Santa Mónica, California, un grupo de connacionales oriundos de este pueblo serrano acordó envíar los recursos para la construcción de su Palacio Municipal, pues lo único que no ha cambiado en Luvina, es el abandono institucional. 


Orgullosamente sus habitantes aseguran que si Agripina y los protagonistas de este cuento volvieran a este lugar, ya no encontraría esa tristeza, se sorprenderían al recorrer los caminos de este pueblo de Oaxaca y sobre todo serían testigos de como la comunalidad supera cualquier complejidad.


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