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Bernardo Esquinca, "centrícola" de CdMx

Foto(s): Cortesía
Israel García Reyes

En el marco de la celebración de la Feria Internacional de Libro de Oaxaca (FILO) 2019, conversamos en exclusiva para Noticias Voz e Imagen de Oaxaca con uno de sus invitados frecuentes y predilectos, el novelista y cuentista Bernardo Esquinca (Jalisco 1972), quien expone su experiencia literaria acerca de vivir en el centro de una de las urbes más pobladas del planeta, Ciudad de México, foco de sucesos históricos, matanzas y leyendas.


La obra del autor es diversa y en ella sobresale el sentido de lo sobrenatural, lo cual explica:


"Para mí lo sobrenatural es muy importante. Uno puede pensar en lo sobrenatural desde distintas perspectivas de la vida: como algo que literalmente ocurre, como una posibilidad, como una metáfora de la vida. Creo que lo vivo en todas sus posibilidades; es decir, sí creo literalmente que existe otro mundo que no es éste, el mundo de los espectros, de las energías, de las presencias que se quedan, pero también creo en la posibilidad de lo sobrenatural como una cuestión literaria que uno explora y que más allá que la gente, o uno como autor, crea o no en eso, es una posibilidad, una herramienta literaria que nos permite abordar el mundo de lo real: qué es lo real; nos tardaríamos cinco horas en definir qué es la realidad o más, pero más allá de eso, a mí lo que me interesa es lo siguiente: el mundo real que vemos en las noticias, en los periódicos, en los noticieros, no me interesa; me interesa como ciudadano, no como escritor”.


“Para mí la posibilidad de lo sobrenatural se pierde en el orden preestablecido y desde ahí, desde la presencia de lo aparentemente imposible podemos abordar el mundo de todos los días y buscar un ángulo diferente para entender qué es lo que está pasando con este mundo tan caótico en el que vivimos".


Género policiaco


Sin embargo, una de tus vetas es el género policiaco...


"Así es. Yo utilizo una narrativa policiaca, pero que mezcla justamente lo fantástico con el terror. En mi saga, (el personaje) Casasola es un periodista de nota roja, y todo ocurre en la Ciudad de México, en un contexto de realidad de edificios, de recovecos de personajes que yo veo, que soy centrícola: vivo ahí desde hace 16 años”.


En “Año Cero” hablas de los elementos precolombinos, del sacrificio humano, si lo revisamos el Centro Histórico de Ciudad de México es un cementerio…


“Es un cementerio el Centro Histórico; es un lugar de fantasmas; es a la vez un lugar sumamente vivo porque hay mil cosas ocurriendo ahí y está la historia que uno puede tocar. Si uno ve, no sólo literariamente las ventanas arqueológicas que están ahí o los edificios que permanecen, la mayoría del siglo XVIII, algunos del siglo XVII, del siglo XVI, son rarísimos, porque hubo mucha destrucción, pero los edificios coloniales tienen piedra de tezontle que fue tomada de las pirámides. Tú puedes llegar y tocar la historia. Están las placas que te dicen: aquí ocurrió esto. Para mí eso es muy interesante porque está vivo el Centro Histórico y a la vez estamos hablando de la Ciudad de México, que va a cumplir 500 años, y de ahí para atrás”.


Superposición de tiempos


Al plantearle la idea de que en el Centro Histórico se destruyó una ciudad para construir otra, manifiesta:


“Sí, pero además los tiempos se superponen”.


Esquinca reflexiona: “Yo soy de Guadalajara, pero tengo 16 años en la Ciudad de México, pero cuando llegué ahí dije: no hay mejor escenario para lo que yo narro. Me robó el corazón y la mente; así es caminando por las calles. He vivido distintas épocas de estos 16 años en el Centro Histórico; he ido y vuelto. He estado en el mero centro, vecino del Templo Mayor. He estado cerca de Bucareli y en distintos puntos y caminado por esas calles. He trabajado ahí; trabajé mucho tiempo en el Museo Nacional de Arte. Simplemente de caminar ahí se me empiezan a ocurrir historias. Es el caso de mi novela “Toda la sangre” que tiene que ver mucho con los sacrificios rituales humanos prehispánicos, pero cómo se ve eso en la época actual. Y eso fue nada más de estar caminando y viendo. Esta es una idea de Héctor de Mauleón, un gran cronista de el pasado de la ciudad donde dice: La ciudad te quiere contar una historia. Yo siento eso todo el tiempo. A lo mejor es un poco egocéntrico, pero siento que la ciudad me dice: cuenta estas historias, te hemos elegido a ti para que las cuentes. Y me he dedicado a eso en cuerpo y alma estos últimos años porque para mí es ineludible ese influjo de posibilidades narrativas que me ofrece la ciudad de México”.


La gente que ya nació ahí en Ciudad de México lo toma como algo cotidiano: pasar por el Templo Mayor o el Palacio Nacional y los da por sentados. Pero tú que vienes de Jalisco lo ves y sientes de otro modo.


“Estoy totalmente de acuerdo contigo. Me considero afortunado en eso. Tengo amigos muy queridos, escritores, que llevan toda su vida en Ciudad de México y hasta parece que les da un poco de flojera. Y es entendible porque es algo que ha estado toda su vida ahí. Ya es una ciudad caótica, difícil, y a la vez muy generosa. Pero ya no la ven. Y yo llegué con ojos renovados a deslumbrarme con todo esto. Para mí fue un alimento esencial. Aún así, también he sido víctima de esta vorágine donde no ves cosas”, señala.


El Centrícola


Respecto al término centrícola que utiliza el narrador en su discurso, explica:


“Es de José Joaquín Blanco, otro gran cronista muy importante de la Ciudad de México y narrador. Hay dos: centrícola y centronauta. El centronauta deambula por ahí, le puede gustar o no y esto puede volverse más o menos habitual. El centrícola tiene una pertenencia, no necesariamente porque haya vivido ahí sino porque siente que eso le pertenece, en el mejor sentido; se apropia del lugar. En ese sentido yo me considero absolutamente un centrícola porque me he apropiado de esos espacios y de esas leyendas, de esos edificios, de esa arquitectura, de esos personajes para crear una narrativa que no podría ocurrir en ninguna otra parte del mundo. Para mí eso es esencial. Mencionar la Ciudad de México no es anecdótico. Para mí en el entramado de mis ficciones, la Ciudad de México es un personaje. Por lo tanto sí me considero un centrícola”.

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