Pasar al contenido principal
x

Así fue la batalla y derrota en México-Tenochtitlán

Foto(s): Cortesía
Redacción

Tiempos de augurios


¿Caerá Tenochtitlán? ¿Han muerto nuestros dioses? ¿Qué tan ciertos serán los augurios, los presagios, que leen los hombres sabios de los templos? ¿Los escudos ya no pueden defender a los mexicas? ¿Acaso aquel surtidor de fuego, ese chopo implacable de lumbre ondeante sobre Tenochtitlán, nos sumirá en tiempos de nostalgia? La espiga flamígera alumbra las noches de 12 Casa.


El fuego que no se puede apagar, el que hace combustible al aire y el agua, calcina los adobes de la Casa de Mando. Y aquel rayo que hirió al templo de paja cuando solo llovía muy quedo y no atronó el trueno, nomás fue golpe de sol; fue presagio.



La línea de brasas que atraviesa el cielo, del poniente al oriente, forma una cauda de chispas, crepita en cascabeles y palidece en la mañana. El viento alborota al agua; la arquea en salto danzante y la revienta en miles de estrellas que ahora descansan en el lecho de la laguna que nunca estuvo. 


Por eso el llamado de Cihuacóatl, en las noches. ¡Tenemos que irnos lejos!, dice entre llantos. ¿A dónde los llevaré?, pregunta.


Allá, en la Casa de lo Negro, en la morada donde se estudia lo maravilloso sorprendente, los magos nada vieron en el espejo en rejuego sobre la cabeza del pájaro ceniciento; solo  el gran tlatoani Motecuhzoma vio estrellas y al mastelejo, el fuego nuevo que alumbra una era nueva. Los magos nada vieron, tampoco a la gente en lontananza, montada en venados grandes, que venían con prisa. ¿Será la marcha de los dioses que llegan desde el cielo?



Después, en el Templo Mayor cuando expiraba el mes tóxcatl, y los grandes capitanes y jóvenes valientes, celebraban al dios Huitzilopochtli con danzas y cantos, al ritmo de atabales y sonidos de caracolas, ocurrió la calamidad, sobrevino completa ruina: los españoles mataron a gente inerme. Allí quedaron los cuerpos destazados, no pocos de niños y mujeres.


Ahora vienen con barcos y cañones y avanzan en gran tropel. Entraron a las casas de Motecuhzoma y ya llegaron a la Puerta del Águila. Corren por la calzada; hay hambre, hay sed. Nada hay como este grande tormento de estar sitiados. Empieza la huida. Muchos se han ido a Tlatelolco…  “… llorad amigos míos / tened entendido que con estos hechos hemos perdido la nación mexicana/ el agua se ha acedado / se ha acedado la comida / esto es lo que ha hecho el dador de la vida en Tlatelolco”. 


¿Caerá Tenochtitlán? No; nunca. “Por fin lo comprende mi corazón: Escucho un canto, Contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten! No acabaran mis flores. No cesarán mis cantos. Saludemos al ánima guardiana del centro; en el ombligo del mundo, en la gran Mexihco Tenochtitlán; donde el águila se despliega, donde la serpiente es devorada, donde el pez nada, en el entronque de las aguas abrazadas, lugar de encuentro y reunión de la gente de los cuatro puntos cardinales”.


Vayamos allí donde los viejos enterraron el corazón de Copil; vayamos allí y cantemos, “porque en tanto que dure el mundo, no acabará, no terminará la gloria, la fama de México-Tenochtitlán".


EX LIBRIS


Visión de los vencidos


Dr. Miguel León Portilla


Revelación y asombro para los europeos de los siglos XVI y XVII, fueron las crónicas, noticias y relaciones de los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo. Europa, continente antiguo, poseedor de larga historia, mostró avidez por conocer las extrañas formas de vivir de esos "pueblos bárbaros", que sus navegantes, exploradores y conquistadores iban "descubriendo".


Los datos aportados, con espontaneidad o con doblez, por los "cronistas de Indias", se recibieron en Europa con el más vivo interés. Pudieron convertirse algunas veces en tema de controversia, pero nunca dejaron de ser objeto de reflexión. No sólo los conquistadores y los frailes misioneros, sino también los sabios y humanistas europeos, los historiadores reales, intentaron forjarse imágenes adecuadas de las diversas realidades físicas y humanas existentes en el Nuevo Mundo.


(…) En algunas crónicas aparecen los indígenas del Nuevo Mundo como gente bárbara, idólatras entregados a la antropofagia y a la sodomía, mientras que en otras son descritos como dechado de virtudes naturales.


Aprovechando las noticias que llegaban, se escribieron luego en Europa historias con el criterio humanista propio de la época. (…) En resumen, puede decirse que la historiografía, no ya sólo española y portuguesa, sino también francesa, inglesa, alemana e italiana, cobraron nueva vida al hacer objeto de su estudio las cosas naturales y humanas del Nuevo Mundo.


Pero, frente a este innegable estupor e interés del mundo antiguo por las cosas y los hombres de este continente, rara vez se piensa en la admiración e interés recíproco que debió despertar en los indios la llegada de quienes venían de un mundo igualmente desconocido.


Porque, si es atractivo estudiar las diversas formas como concibieron los europeos a los que, por error, llamaron "indios", el problema inverso, que lleva a ahondar en el pensamiento indígena –tan lejano y tan cercano a nosotros– encierra igual, si no es que mayor interés. ¿Qué pensaron los hombres del Nuevo Mundo, en particular los mesoamericanos, nahuas, mayas y otros al ver llegar a sus costas y pueblos a los "descubridores y conquistadores"? ¿Cuáles fueron sus primeras actitudes? ¿Qué sentido dieron a su lucha? ¿Cómo valoraron su propia derrota?


(…) Pues bien, nahuas y mayas que tanto empeño ponían y "tanta curiosidad tenían" en "conservar la memoria de sus antiguallas", no dejaron perecer el recuerdo –su propia visión– del más impresionante y trágico de los acontecimientos: la Conquista hecha por hombres extraños, que acababan por destruir para siempre sus antiguas formas de vida.


El presente libro –especie de antología de textos y pinturas– ofrece algunos rasgos de las varias imágenes que los mesoamericanos de idioma náhuatl (…) se formaron acerca de Cortés y los españoles, acerca de la Conquista y la ruina final de su metrópoli, México–Tenochtitlán.


(…) Que esta modesta antología, que ahora se publica, ayude a despertar el entusiasmo por trabajos semejantes, es nuestro más grande deseo. El examen sereno del encuentro de esos dos mundos el indígena y el hispánico, de cuya dramática unión México y los mexicanos descendemos, ayudará a valorar mejor la raíz más honda de nuestros conflictos, grandezas y miserias, y en una palabra del propio "rostro y corazón", expresión de nuestra fisonomía cultural y étnica.


(Fragmento de la introducción a Visión de los vencidos, de Miguel León Portilla; UNAM, Coordinación de Publicaciones Digitales, ciudad de México, 2003).

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.