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Marthita, una pequeña con gran corazón

Foto(s): Cortesía
Redacción

Marthita Arellano Velasco es una pequeña de cuatro años que cursa el primer año de preescolar y que disfruta de jugar, tocar el teclado, pintar y colorear. En su día a día, lo que más le gusta es el camino a la escuela, pues lleva consigo croquetas y agua para alimentar a perros en situación de calle.

 

Desde que tenía un año e iba camino a la estancia infantil, observaba a los perritos en la calle y le preguntaba a su mamá, Xiadani Arellano Velasco, el por qué no tenían casa, ni quién los cuidara, ni qué comer, a lo que su madre respondía explicándole que muchos son abandonados y otros nacen en la calle. Desde ese entonces, la niña al verlos desprotegidos comenzó a compartirles de las galletitas que ella llevaba para su desayuno.

 

 

Fue así como esto se convirtió en su misión y su mamá entonces comenzó a comprar croquetas para que pudiera alimentar a los perritos: "-Pero mamá, les falta agua", le decía la niña. Desde entonces recolecta botellas de pet para tener donde transportar el agua que finalmente les deja en la banqueta.

 

 

"Cuando mi mamá se acerca a su casa los perros empiezan a ladrar, pero no me asusta" nos comparte Marthita en entrevista, mientras su mamá nos dice "de hecho a mí me daba más miedo que se asustara el perro o reaccionara mal y la mordieran, pero ella empezó a diferenciar y me decía 'mamá, el no quiere que lo agarre', ella tiene una conexión especial con los animales y sabe a qué perro acercarse y a cual no". Conesta sensibilidad, Marthita se ganó la confianza de quienes la esperan no solo para para ser alimentados, si no también recibir su alegría.

 

 

En un principio, su recorrido a la estancia infantil era desde la avenida Belisario Domínguez hasta la colonia Las Flores, incluso su maestra sabía que lo primero que la niña hacía al llegar era lavar sus manitas que habían dado alimento a los perritos. Al cambiarse de escuela, el recorrido se convirtió en un trayecto más corto y encontró a menos perritos, sin embargo, los fines de semana aprovecha para pasear por su antiguo camino y dar de comer a sus viejos amigos.

 

 

A pesar de que esta actividad representa como mínimo invertir en un kilo de alimento diario, esto no es límite para Marthita, pues cuenta con el apoyo de su mamá y sus abuelitos para hacer lo que más le gusta. También ha pedido a Santa Claus y a los Reyes Magos bultos de alimento en lugar de juguetes, ya que a ella lo que más le importa es seguir alimentando a sus perrunos amigos.

 

 

Entre las más bonitas experiencias para esta madre e hija destaca el haber visto crecer a una cachorrita, la cual ahora es grande y fuerte y una de las mejores amigas perrunas de Marthita, de los muchos que ha hecho durante tres años, a quienes también acaricia y les dice bonitas palabras. ¡Feliz día, Marthita!"

 

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