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Sexoservidoras, añosas y sin jubilación

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Sobre su piel brotan salpicadas manchas seniles que delatan los 58 años de edad de Lulú, una de las mujeres con más de cinco décadas sobre sus hombros que conforman el padrón de sexoservidoras en la capital del estado.


A Lulú, como al resto de las sexoservidoras de la tercera edad, su pasado envuelto en pobreza, marginación y violencia les trazó un futuro incierto. Considera que es algo difícil dejar las calles, debido a la falta de oportunidades de empleo; sin embargo, está consciente que en algún momento lo tendrá que hacer para enfrentarse a la vida sin jubilación, pensión o fondo de ahorro que permita sobrevivir su vejez.
"Éste no fue para mí el camino más fácil, no", afirma Lulú -madre de tres hijos y abuela de cinco nietos- mientras empieza a recoger en su memoria cada una de las piezas que conforman su rompecabezas.


 




Al ser una actividad no reconocida como empleo, quienes la desarrollan no tendrán en lo futuro una pensión o un recursos para el retiro.

 


"Yo lo hice porque no tengo primaria. Mis hijos eran pequeños, fui madre soltera. En ese entonces vendía ropa en la ciudad de México y les vendía a las muchachas que ejercían el sexoservicio. Cuando iba a verlas los hombres me veían y me hablaban. Yo tengo tres hijos y en ese entonces me preguntaba ¿Cómo voy a sacar dinero para sus estudios? Hoy, gracias a Dios todos tienen su carrera. Yo no quiero ofender pero a veces los maridos no ayudan en nada, al contrario la hunden más", indica con palabras que salen ligeras de su garganta.


"La gente no conoce lo que hay atrás de nosotras. No es fácil llegar y pararte. Nosotras sufrimos mucho, pero aquí estamos", señala mientras espera el chequeo de salud semanal en el área de Centro de Atención y Control de Enfermedades de Transmisión Sexual (CASETS) del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez.


La mujer llega puntual a la cita. Porta un vestido de color discreto cuyo vuelo cuelga abajo de las rodillas. Aunque la mañana es calurosa lleva un suéter con el que cubre su robusto cuerpo. Al hombro, un bolso en el que guarda el labial, las sombras y los delineadores que usa mesuradamente en su rostro.


Ella lleva 20 años trabajando como sexoservidora, inició en la Ciudad de México y después en Oaxaca, para evitar ser descubierta por familiares o sus hijos, quienes nunca se enteraron de su oficio.


 




Las manos de Lulú hablan de su edad. Sobre ésta se tejen historias de pobreza y marginación. A sus 56 años de edad la mujer continúa ejerciendo el sexoservicio

 


La mujer trabaja en las calles del Centro Histórico aunque pocas veces se le ve parada esperando clientes, pues debido al trato que les ha brindado, todos los que son atendidos por Lulú la buscan de manera directa con una llamada a su teléfono celular.


- ¿Alguna vez alguno de sus clientes le propuso matrimonio?
- Sí lo hicieron, pero yo no creo en los hombres. No me volví a casar, siempre fui madre soltera. Ya no volvía creer en los hombres. Ahora, aunque me dijeran ya no. Ya estoy grande -expresa seguido de una estridente carcajada-  . A mí lo que me gusta la libertad, no para hacer algo malo sino para que no me controlen. Voy acá, voy allá y nadie me está controlando- explica.


En cada servicio que otorga a sus clientes cobra 50 pesos de los cuales 20 son para el pago de la habitación de motel y el resto es su "ganancia". Para completar el gasto diario, a la par, realiza labores domésticas en casas particulares y como ayudante en una cocina económica.
"En algún momento tengo que dejar la calle, ya estoy grande, mis hijos ya no necesitan de mi trabajo, lo tengo que hacer y dedicarme a otra cosa. No me gustaría verme como otras compañeras que siguen en esta labor a pesar de su edad. Lo que quiero es poner un negocio. Empezar de nuevo", indica.


 


143 mil 862 personas se dedicaban al sexoservicio en 2010 en México (INEGI)


330 personas ejercen el sexoservicio en Oaxaca de Juárez


40 % son mayores de 50 años


50 pesos cobran por servicio


20 pagan por habitación


30 pesos se queda como ganancia


 


El rostro envejecido de la pobreza


Lucila Cruz Santiago, jefa del departamento del Centro de Atención y Control de Enfermedades de Transmisión Sexual (CASETS), explica que el padrón de sexoservidoras y sexoservidores está conformado por 330 personas (mujeres y transgénero) que ejercen como ambulantes, en bares y loncherías. De éstos el 40 por ciento rebasa los 50 años de edad.
La mayoría de trabajadores no cuenta con estudios completos de primaria, vive en condiciones de pobreza y al margen de programas gubernamentales como empleo temporal o el de corte social Sesenta y Más, quienes en su caso rebasan esa edad.


Cruz Santiago afirma que el sexoservicio se ha incrementado y forma parte del reflejo a una crisis económica que vive el país. Desde hace ocho años no se han dado libretos a mujeres en las calles, pero surgen de manera clandestina.
Como una forma de ir contrarrestando el crecimiento del sexoservicio, se han establecido cursos de capacitación para el empleo a fin de que se las sexoservidoras abran un nuevo abanico de oportunidades para generarse ingresos. "Pero como en casa hay necesidad de dinero, las mujeres no han dejado de trabajar en las calles", afirma.


 




Lulú acude semanalmente a su revisión médica

 


El trabajo no reconocido


La investigadora Conchita Núñez, quien en 2014 realizó un análisis a la reglamentación del municipio sobre la prostitución en Oaxaca de Juárez, señala que, al ser una actividad no reconocida como empleo, quienes la desarrollan no tendrán en lo futuro una pensión o un recursos para el retiro.
"Como es un tema escabroso y complejo, no es reconocido como un trabajo como tal; sin embargo, hay una doble moral, porque no las reconocen pero sí las controlan por una cuestión de salud pública", indica.


Como cualquier trabajo - agrega- tiene sus dificultades, pero este lleva una doble carga porque conlleva a la persecución policiaca y explotación por parte de los hoteleros que cobran sus cuotas.


"Esto esta penado, pero no esta penado. Esta prohibido pero dicen que es un mal necesario, lo cual creo que es una tontería absoluta. Es una manera de ganarse la vida. Estas mujeres no encontraron otra manera de ganarse la vida que vender su cuerpo como otra mercancía en el mundo de la mercancía", señaló


La prostitución -argumentó- enfrenta una complejidad íntimamente relacionada con la estructura económica, social de desigualdad e injusticia social.

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