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Zócalo invadido por comercio, ajeno al espíritu oaxaqueño

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

La Plaza de Armas o Zócalo de la antigua Villa de Antequera de Guaxaca, diseñada por el alarife Alonso García Bravo, en 1529, para el solaz disfrute de las familias oaxaqueñas, está convertido hoy en un espacio de comercio informal, mendicidad y charlatanería. Solo frente al palacio de gobierno 16 puestos de ropa instalados por habitantes de la región triqui, que lidera Lorena Merino Martínez, obstruyen la vista al majestuoso palacio de gobierno cuya edificación inició en 1832.


En la amplia plancha de concreto, los vendedores de globos, palas y separadores de madera, frituras, dulces, tamales y demás, ofertan libremente sus productos a paseantes y turistas que buscan un poco de reposo bajo los viejos laureles de la India del céntrico parque.


Entre los paseantes también deambulan las famosas gitanas, mujeres de tez blanca con vestidos amplios y largos, que ofrecen a los incautos conocer su destino o suerte a través de la lectura de la palma de la mano.


-¿Te leo la mano amiga?


-¿Por cuanto? Responde con timidez una joven mujer que junto a una amiga esperan que transcurra el día sin más preocupación.


-20 pesos.


-Bueno.


La joven entonces extiende su mano derecho y la muestra a la gitana, que concentrada observa los pliegues de la piel.


-Te va a ir bien, tienes muchos amigos y en el amor…


De pronto, la joven retira la mano con un gesto de resquemor y zozobra. Las palabras de la gitana de repente la han obligado a quitar la mano con brusquedad, sin esperar que la gitana termine con su augurio.


Después saca dos monedas de diez pesos y la entrega a practicante de la quiromancia. “Aquí está, muchas gracias”.


La gitana entonces toma las monedas, las coloca en un pequeño monedero que cuelga de su cuello y se retira del lugar para ofrecer sus servicios a otros visitantes, en el extenso parque público.


A mediodía frente al Portal de Clavería, donde se ubica el hotel Marqués del Valle, tres puestos de raspados y tres de globos, comparte lugar con un vendedor de tatuajes. Los carritos idénticos y la mismas lonas pequeñas anunciado los sabores, mientras que los triciclos pertenecen a un solo emprendedor. Los globos, también están controlados por un mismo distribuidor o una misma familia.


En el Portal de Flores otros dos vendedores de globos y dos de burbujas de jabón, comparten espacio con un vendedor de pulseras de hilo. En el Portal de Mercaderes, donde se ubica el mayor número de restaurantes, es el único lugar donde no se encuentran puesto de comerciantes.


Pero si los puestos instalados esta vez son pocos, no los son los vendedores de todo tipo y que recorren la plaza en busca de clientes. “¡Blusas, blusas, tejidas!”. “Separadores de libros, compreme uno!”, “¡Tamales, tamales!”. “¡Te pongo un tatuaje amiga, es temporal!”. “¡Una pulsera, un collar, para la dama; ande anímese!”.


Así como las mujeres que en pequeños canastos ofrecen dulces, chicles y cigarrillos.

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