Construir en lugares no aptos, inestables y que representan un riesgo para las personas, se ha convertido en un hábito recurrente en Oaxaca capital y sus alrededores.
Casas de lámina se observan por filas levantadas en pequeñas laderas; incluso partes de estas quedan volando. En algunos casos han recurrido a utilizar materiales provisionales como muros de contención, como son neumáticos viejos, polines y rocas.
La situación de las familias que la habitan es visiblemente precaria, por lo que vivir al filo del peligro en laderas, se trata de una necesidad, no una opción.
Pero el peligro aumenta en temporada de lluvias, cuando las precipitaciones reblandecen la tierra, al grado que en cualquier momento, de no haber medidas de atención y prevención, pueden originar derrumbes y caída de viviendas.
Más de 700 asentamientos irregulares
En Oaxaca de Juárez existen cerca de 700 asentamientos humanos irregulares, los cuales se han agudizado al pasar de los años, debido a que personas compran o invaden predios que no son seguros.
Las agencias donde se agudiza esta problemática por asentamientos anómalos son: San Juan Chapultepec, Pueblo Nuevo y Santa Rosa Panzacola, entre otras, donde se ubican al menos 45 colonias vulnerables al fenómeno natural de las lluvias.
De acuerdo con datos proporcionados, son alrededor de 250 mil los habitantes capitalinos que se ven en riesgo todos los años con la temporada de huracanes y ciclones.
En colonias como Lomas de San Jacinto, Heladio Ramírez, 21 de Marzo, San Martín Mexicápam, San Juanito, San Juan Chapultepec, Los Ángeles, Donají, Colonia Monte Albán y otras, son el claro ejemplo de que existe un crecimiento desordenado y sin planeación.
El año pasado, el ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca de Juárez echó a andar el Programa de Regularización de la Tenencia de la Tierra, que consiste en realizar un censo de las viviendas que están asentadas irregularmente para luego iniciar su proceso legal.
“Certidumbre y Seguridad Patrimonial de la Familia será un instrumento de apoyo para que los hogares que se encuentran en una situación irregular puedan acceder a la certeza jurídica de sus lotes, a fin de propiciar un desarrollo urbano ordenado que cuente con las condiciones de bienestar y que permita superar las condiciones de rezago social”.
Derrumbes, los riesgos
En agosto de 2017, las intensas lluvias que azotaron al territorio estatal, previo y después de los sismos, dejaron daños considerables, sobre todo para las personas más vulnerables.
En la colonia Lomas de San Jacinto, una de las más golpeadas por las lluvias, se registró el derrumbe de una vivienda humilde. Cuerpos de rescate y bomberos lograron sacar con vida a María de Jesús Loaeza Martínez, de 34 años de edad, que quedó bajo los escombros de lámina y polines de lo que era su casa.
Un alud de tierra y lodo que servía como cimiento de la vivienda terminó por desmoronarse y derribó la casa; aunque los daños solo fueron materiales, la familia de María tuvo que empezar de nuevo.
Los habitantes de esta colonia saben que viven en incertidumbre; “pero qué le vamos a hacer, pues es el lugar que encontramos para vivir”, dice doña Teresa, quien también levantó su casa de lámina en un lugar inestable.
“Cuando llegamos por aquí había muy pocos, el lugar era monte, pero aquí hemos construido una vida; con esfuerzos logramos la dotación de servicios y pues la gente no pensó antes de construir”.
Vivir en lugares irregulares
Especialistas definen como un asentamiento irregular, un lugar donde se establece una persona o una comunidad que está fuera de las normas establecidas por las autoridades encargadas del ordenamiento urbano. Los establecimientos irregulares, por lo general son densos asentamientos que abarcan a comunidades o individuos albergados en viviendas autoconstruidas bajo deficientes condiciones de habitabilidad.
Estos se forman por ocupaciones espontáneas de terrenos, públicos o privados, sin reconocimiento legal, expandiendo los bordes de las ciudades en terrenos marginados que regularmente están en los límites de las zonas urbanas, o en terrenos con elevados riesgos para las viviendas allí asentadas (laderas de altas pendientes, terrenos poco estables, zonas inundables en las márgenes de ríos y quebradas).
Una parte de la vivienda de doña Sofía Ruiz está sostenida con varias llantas viejas de vehículos, las rellenaron de tierra y las colocaron debajo de una de las esquinas de la casa de lámina y hasta ahora no tienen problema alguno; pero no hay nada seguro, reconoce.
Otras viviendas al lado de la de Sofía ocupan una técnica similar, pero las llantas sirven como escalones y son de mucha utilidad.
Sin embargo, la limitante para poder asegurar sus viviendas, es como en todo, la falta de recursos económicos.
