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Viven olvidados en Villas de San Miguel

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN MIGUEL ETLA, Oaxaca.- El sueño de habitar en un espacio con las expectativas necesarias para formar un hogar, se rompió en menos de cinco años para cientos de personas que adquirieron una vivienda en el fraccionamiento Villas de San Miguel, en San Juan Bautista Guelache, en el 2004. Hoy, el lugar luce desolado y ninguna autoridad quiere responder por sus necesidades.


Los vecinos de este asentamiento han sufrido robos, mientras que la policía de la agencia de San Miguel Etla dice no tener responsabilidad en brindar seguridad; aquí, los residentes no cuentan con agua ni con alumbrado público, y hasta pagar el predial implica un dilema.


 




Los residentes están decepcionados, pero no tienen a dónde ir.

 


Desolación


En sus calles predomina el abandono; el monte que en algunas viviendas rebasa el metro de altura, refiere el tiempo que las viviendas han pasado vacías. Los cristales de las ventanas lucen rotos. Este es el panorama que da la bienvenida a sus nuevos residentes.


Es antes del medio día, las amas de casa se dan prisa para acabar pronto sus quehaceres e iniciar con la preparación de la comida. Son pocas las viviendas en las que se percibe movimiento durante la mañana; son escasos los vecinos que se ven en los andadores.


Entre las reducidas señales de vida sobresale el señor Juan Carlos Morales, quien da cuenta de los pocos servicios de los que dispone el fraccionamiento.


Antes de llegar a su casa, en medio de uno de los andadores, decenas de viviendas presentan señales de que han sido hurtadas, a pesar de estar en las calles principales del asentamiento y contar con protecciones.


El hombre llegó desde el 2004 a este fraccionamiento, con la esperanza de encontrar un espacio digno para su familia.


A 12 años de eso, todas sus ilusiones se han resquebrajado; ahora sólo debe aguantar y tratar de solventar las necesidades de su familia como mejor pueda, pues este es el único patrimonio con el que cuenta.


“Muchos vienen (de la ciudad de Oaxaca) a rentar con la posibilidad de vivir mejor, pero al ver cómo estamos, se van, pues no les resulta pagar pasaje para estar en un lugar así”.


Desde hace varios años, las personas comenzaron a salir del fraccionamiento.


Rosa Robles agrega que las casas vacías en ocasiones son refugios de maleantes. “En la esquina de la calle donde vivo escuché ruidos, fui a ver y encontramos una colchoneta, como si alguien viviera ahí”.


 




La planta tratadora de aguas residuales no sirve.

 


Sin gota de agua


Cuando la empresa constructora, Geo, estaba a cargo del fraccionamiento, todos los días había agua. El tanque elevado era llenado para abastecer al asentamiento de más de mil casas.


Don Juan resalta que la empresa entregó el fraccionamiento a un comité de colonos aproximadamente en el año 2008; desde ese entonces, los problemas comenzaron.


La agencia municipal de San Miguel Etla, en donde se ubica la Villa, retomó las labores de abastecimiento, pero con limitaciones.


El vecino precisa que el servicio lo proporcionaba cada tres días, durante una o dos horas, lo cual no era suficiente.


Esto obligó a las familias a comprar sus tinacos o construir cisternas para almacenar agua.


“En el contrato de Geo dice que no debemos tener ninguna de esas cosas porque se pierde el seguro, pues se suponía que todo el tiempo habría agua”, expresa el hombre.


La señora Rosa Robles agrega que todos aquí compran sus pipas, las cuales les cuestan entre 80 y 100 pesos para llenar un tinaco de mil 100 litros.


“Cada quien sabe cómo le hace para que le alcance su agua lo más que se pueda; reciclamos lo más que se pueda”, dice el ama de casa, mientras camina por las desoladas calles del lugar.


 




La tubería se deteriora y se filtran las aguas negras.

 


Inseguridad


Para estos vecinos, la inseguridad es otro de sus pesares. La señora Clara detalla que la semana pasada, los vecinos atraparon a un hombre que intentaba entrar a robar a una casa.


“Le hablamos a la policía de San Miguel para que se lo llevara, pero nos dijeron que ellos nada tenían que ver con nosotros, y que si le hacíamos algo al ratero, era nuestra responsabilidad”, dijo la mujer con indignación.


Los vecinos relatan que pese a que las casas cuentan con protecciones, los ladrones buscan la manera de entrar.


La señora Efigenia Ramírez narra que los rateros "anchan" las protecciones para poder meterse; entra las cosas que más se roban son dinero, alhajas y televisores de pantalla plana.


Para los habitantes de la Villa de San Miguel, la inseguridad está presente de día y de noche, y los blancos son las casas en las que las personas salen por varias horas a trabajar o estudiar.


A los problemas de los vecinos se les suma que entre el municipio de San Juan Bautista Guelache y la agencia de San Miguel no se ponen de acuerdo para cobrarles el predial. “Todos quieren que les paguemos, pero no nos dan ningún servicio, pues tampoco contamos con recolección de basura puntual”.


 




Todos recurren a comprar agua de pipas.

 


A oscuras


“Aquí no hay nada”, indica Efigenia Ramírez casi con resignación, después de casi una década de habitar aquí.


El fraccionamiento no cuenta con alumbrado público, lo que da el escenario perfecto para que los delincuentes entren a las casas.


Desde hace casi cuatro años los vecinos viven en el cobijo de la oscuridad y aunque la Comisión Federal de Electricidad ha informado al comité que no hay deudas, el organismo debe contar con un aval para hacer la conexión; sin embargo, no cuentan con el respaldo de las autoridades.


Para solventar la ausencia del servicios, los vecinos se cooperan para instalar algunas lámparas y en sus casas instalan lámparas más grandes que ayuden a alumbrar la vía.


Rosalía ha sido víctima de la falta de alumbrado en dos ocasiones. La primera, los ladrones lograron su objetivo y en la segunda ocasión encontró al par de ladrones en el patio trasero de su casa, intentando entrar.


Por eso, la mujer la construye una barda más alta y tomará mayores medidas de seguridad.


 




El flujo de personas es poco en este fraccionamiento.

 


Aguas negras


La falta de agua y energía eléctrica arrastró otra complicación. La planta tratadora de aguas negras dejó de funcionar y desde hace varios años, un río de aguas negras corre a un costado de la carretera de Etla.


La tubería de la planta tratadora del fraccionamiento Villa de San Miguel llega hasta la orilla de carretera. Las autoridades de San Miguel trataron de tapar con cemento la salida, pero no es suficiente.


Uno de los tubos de concreto tiene una fisura y es ahí por donde sigue el filtro del agua.


Don Humberto Carrasco, habitante de la Santo Domingo de Abajo, de Etla, resalta su inconformidad por este problema.


“Apesta, huele muy mal y nadie trata de arreglarlo, esto nos afecta a todos”, expresa el hombre, quien pasa todos los días por este lugar.


 




El río de aguas negras corre a pie de carretera.

 


Vida de penurias


Desde hace 4 años no tienen alumbrado público


No tienen agua ni seguridad


1,080 casas, aproximadamente


1,500 pesos, la renta de casas con 3 recámaras


Entre 80 y 100 pesos cuesta llenar un tinaco de 1,100 litros


15 pesos, el taxi colectivo


2004, fecha de entrega de las casas

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