OAXACA DE JUÁREZ.- Acudir a la Guelaguetza y no hacer una parada en la vendimia de las escalinatas que dan acceso al auditorio en el Cerro del Fortín, es como no haber disfrutado la diversidad que se orfrece en la fiesta más importante de los oaxaqueños.
En el recorrido a paso lento, los olores se conjugan entre lo delicioso de la barbacoa de chivo o borrego, el café de olla, el champurrado y el chocolate atole, la bebida espumosa que se te antoja con solo mirar su preparación.
Las memelitas con queso o de guisados no pueden faltar; las quesadillas de flor de calabaza, empanadas de amarillo con hoja de hierba santa y aguas frescas de fruta de temporada o el tejate hecho a base de la rosita de cacao.
También se aprecian los puestos de artesanías, ropa típica, alebrijes, bolsas y muchas cosas más que se encuentran a las faldas del Cerro del Fortín. Esto es lo que da vida a la Guelaguetza (del zapoteco guendalizaa, "cooperar, compartir").
Las escaleras que conducen al Cerro del Fortín, cuya edificación concluyó en 1946, representan uno de los más emblemáticos lugares del municipio de Oaxaca de Juárez, por ser el único acceso al más grande e imponente escenario de la capital, en el que año con año los oaxaqueños celebran la máxima fiesta de “La Guelaguetza”.
En el lugar, la iluminación arquitectónica resalta los imponentes rasgos de las edificaciones ubicadas a ambos lados de las escaleras, que contrastan con los matices que se reflejan en el follaje de los laureles que forman un corredor.
También, la iluminación que se instaló en el túnel de paso al recinto ubicado en la Rotonda de las Azucenas, resalta la belleza de los murales que ahí se encuentran, los cuales son de la autoría del pintor oaxaqueño Manuel Reyes.
La vendimia que se instala en las escalinatas, representa una oportunidad de ingreso para decenas de comerciantes. FOTO: Emilio Morales
Un ingreso en las fiestas
Si bien la mayoría de los puestos qu se colocan en las escalinatas del Cerro del Fortín son de organizaciones de comerciantes que cuentan con autorización del gobierno municipal de Oaxaca de Juárez para instalarse, también representa una oportunidad para los vecinos, a fin de sumarse a la vendimia y ganarse un ingreso extra.
Algunos colonos habilitaron sus viviendas y sacaron los anafres a la banqueta para ofrecer los antojitos a los turistas.
Como el puesto de doña Fide, donde venden barbacoa, memelas y quesadillas. Desde hace más de cinco años, la dueña de este establecimiento vio la oportunidad de dar a conocer la gastronomía a los visitantes y así lo hace cada año.
Doña Rosa y su familia acudieron desde temprana hora a desayunar, antes de ingresar al auditorio Guelaguetza.
"Venimos de la Costa a ver la presentación de nuestros paisanos, de San Juan Cacahuatepec; pero antes vamos a probar todo lo que podamos", dice la mujer, enfundada en una blusa de chaquira.
Doña Rosa asiste con su hija y nietos por tercer año a los Lunes del Cerro, porque "mirarla por televisión no es lo mismo que estar en vivo".
Desde que se accede a las escaleras que llevan al auditorio Guelaguetza, visitantes y turistas encontraron la vendimia anual. FOTO: Emilio Morales
Seguridad al máximo
Si bien sobre el recorrido, una lona colgada advertía a los visitantes sobre la seguridad que brindan los vecinos al lugar, desde que inicia el pasillo, decenas de policías implementaron vigilancia al máximo sobre el sitio.
Además, se instaló un módulo de la policía estatal, donde las personas podían reportar incidentes de inseguridad o recibir orientación de los uniformados.
Para Juan, uno de los vecinos del lugar, las autoridades deberían considerar que hasta cuando no es fiesta la seguridad se debe garantizar de manera permanente en este punto, ya que además de ser una vía rápida de acceso al auditorio, también se ha convertido en una zona de aumento en hechos de inseguridad.
"Cada que hay Guelaguetza se llena de policías; lo que nosotros decimos es que si no en la misma cantidad, por lo menos más seguido se debe hacer recorridos por el sitio".
Comida, lo que más se vende
Ofelia Soledad Hernández lleva cinco horas en el lugar asignado y apenas vendió una bolsa de cinta plástica con bordados del Istmo que ella misma diseña.
Dice que en esta temporada, lo que más se vende es la comida, pues la gastronomía es uno de los atractivos principales para los visitantes.
"La verdad, apenas he vendido una bolsa; soy artesana y con mucho esfuerzo logramos que se nos asignara este lugar, pero para nosotros anda un poco baja la venta".
Ofelia esperará a que termine la edición vespertina de la Guelaguetza; después optará por retirar su puesto y regresar con mejores expectativas de venta para el próximo lunes, la octava del Lunes del Cerro.
