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Una cita ineludible: el festejo a los Muertos

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

A las tres de la tarde, habrán repicado las campanas sobre el pueblo de Teotitlán del Valle; el colorido camino de cempasúchil decorará el camino que guiará a los fieles difuntos hacia el reencuentro con sus familias. La fiesta durará todo el fin de semana.


El altar estará listo para dar a las almas las que fueron sus bebidas y platillos preferidos. Hay mucho pan y bastantes tortillas. También vasos de agua, porque el viaje seguramente fue cansado.


Vivos y muertos pueden festejar juntos, en familia, porque en estas fechas la fiesta es familiar.


En la capital


El olor a incienso se extiende sobre toda la casa; la luz de las velas ilumina cada rincón de la mesa donde está colocada la ofrenda.


“En estas fechas nos reunimos con toda la familia para convivir en nombre de quienes se adelantaron. Si vamos con otro familiar, hay que llevar una vela y pan, para compartir los alimentos con nuestros difuntos que estarán de visita", dice José Hernández, entusiasmado.


"Es una gran fiesta. También reflexionamos cómo hay que vivir mientras estamos en este mundo”, dice el habitante de la capital del estado.


En las principales calles de la ciudad de Oaxaca hay fachadas decoradas con flores de cempasúchil, hojas de totomoxle; papel picado adorna a las puertas de las entradas a los edificios públicos, galerías, comercios y algunas viviendas particulares.


Las escuelas públicas también se unen a la tradición. 


Independientemente de los disfraces en alusión a la tradición anglosajona del "Halloween", estudiantes y docentes de la escuela primaria federal "Benito Juárez" colocaron una gran ofrenda dedicada a personajes como Benito Juárez, Porfirio Díaz, José Vasconcelos, Andrés Henestrosa, María Sabina y al mismísimo maestro Francisco Toledo.


En la Mixteca


El ‘vico ntí’ significa "fiesta de muerto", para la cultura mixteca. Las familias de esta región elaboran también un altar. Colocan una gran ofrenda en honor del familiar que se ha adelantado, o algún conocido que no tiene más  familiares que velen por él.


Algunas verduras como el chayote o la calabaza son primordiales en el altar, así como un vaso de agua, pan y totopos, que según el relato de los antepasados, “debe colocarse un tenate para que se lo lleven los difuntos y no padezcan hambre durante todo el año, hasta su próxima visita”.


Se dice en esta región que las almas de los niños llegaron desde ayer por la noche. Por ello, un vaso de agua tiene que estar siempre en el altar mientras se va colocando la comida; las primeras horas de hoy debe colocarse un plato de frijol o tamales (pero blancos, porque los niños no comen picante).


Ya sea en el panteón o en los hogares, no pueden faltar las veladoras o velas blancas para recibir a los pequeños.


En la región Mixteca, las campanas habrán sonado desde ayer por mediodía, pero con suavidad y escasos repiques. 
Esas mismas campanas sonarán más tarde, para anunciar que las almas adultas están llegando a la fiesta. Hay que estar preparados con el plato de mole caliente, y algunas cervezas, según el gusto.


“Dicen que las almas que no reciben ofrendas y las luces de las velas se ponen muy tristes. Por eso, nosotros hacemos ofrendas con harta comida, por si nos llega algún difunto que no recibió una ofrenda por sus familiares”, platica doña Cecilia, originaria de San Juan Mixtepec.


Pueblos zapotecos


Algunos pueblos zapotecos ya habrán velado a sus muertos, pero seguirán de fiesta hasta el 3 de noviembre, cuando levanten su altar.


“A la llegada de los españoles a Juchitán, se da una fusión de dos culturas: sin embargo, los Binigulasa (auténticos zapotecos) no hicieron ataques durante los días de celebración impuesta por los conquistadores, que son el 1 y 2 de noviembre; ellos mantuvieron las fechas 30 y 31 de octubre”, detalló el cronista juchiteco, Tomás Chiñas Santiago.


Al mediodía del 31 de octubre, hombres y mujeres salen a visitar las ofrendas, llevan flores de cempasúchil, ofrecen una limosna y la luz de una veladora. A cambio, reciben dos tamales y un pan. Deben ofrecer su aportación a la familia del difunto durante la convivencia.


El altar se levanta el 3 de noviembre, después de rezar el rosario, porque es la hora en que las almas retornan a su lugar de origen. Las frutas y los alimentos del altar se comparten con los amigos y familiares.


 

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