Pasar al contenido principal
x

Un día en La Osa: conquistando el mar de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

BAHÍAS DE HUATULCO, Oaxaca.- Deslizándose suavemente sobre el mar va La Osa, poderosa e imponente, buscando explorar las aguas del Océano Pacífico. Sobre su lomo va el capitán, con la vista al horizonte, con los sueños de un costeño, de un pescador.


Fermín Bustamante Reyes es prestador de servicios turísticos en las Bahías de Huatulco desde hace 28 años; ha visto cómo este destino ha evolucionado para convertirse en favorito de oaxaqueños, mexicanos y extranjeros.


“Yo llegué a Huatulco en 1989, soy hijo de pescadores. Fui pescador desde los 6 años de edad; primero lo hice en laguna, en río y después en mar. Soy originario de Bajos de Chila”.


Sobre su embarcación, "La Osa", recorre las bahías ofreciendo a los turistas tours; “nosotros nos dedicamos a atender al turismo, trasladarlos a las bahías, buceo, pesca deportiva, servicios marítimos”.


En un buen día de trabajo puede realizar seis viajes, lo que le da un ingreso neto de 2 mil pesos; sin embargo, estos buenos días no son muy seguidos en el año; inclusive ha pasado 15 días en tierra, sobre todo cuando hay mal tiempo.


 



Fermín es prestador de servicios, guía de turistas y pescador en las Bahías de Huatulco. FOTO: Giovanna Martínez

 


“Nosotros ganamos, en teoría muy bien, por eso en los programas de gobierno todo es para los pescadores, pues dicen que son los que lo necesitan. Pero no es 100 por ciento cierto, pues si te agarra la marejada, en 10 días no sacas nada; si vienen los huracanes, peor, con el hecho de los puertos cerrados, hasta 15 días no sacamos ni un peso”, indica Fermín.


Un tour al precio normal lo ofrecen en mil 500 pesos, pero hay mucha gente que no puede pagarlo, por lo que se ponen de acuerdo con los clientes.
 


Entre abejas y extravíos


En los años de estar en el mar, a Fermín le ha ocurrido de todo; recuerda que hace unos meses, abejas africanas atacaron su embarcación. “Lo que hicimos fue tirarnos al agua con los chalecos. A cinco millas de la costa hicimos media hora a la Costa de Santa Cruz. Cada que nos movíamos, las abejas se alteraban”.


Las historias son muchas, así como los riesgos; “el motor se descompone, te pierdes un día o una noche, pero no pasa de eso”, relata Fermín; “la señal de teléfono hay hasta 25 o 30 millas, el radio y el celular nunca lo dejamos”.


 



La Osa descansa en el muelle de Santa Cruz. FOTO: Giovanna Martínez

Limpia las playas


El prestador de servicios asegura que saben que las playas limpias atraen a más turistas, por lo que en coordinación con pescadores y el gobierno municipal, realizan una limpieza general de las playas.


“Se limpia también el fondo del mar, en donde sacamos corcholatas, snorkel, aretes, anillos y todo lo que se le caiga al turista”, indica Fermín.


Uno de los problemas que presentaba, en específico la playa Marinero, fue el trabajo con fibra de vidrio para reparar las embarcaciones, pues muchos pescadores utilizaban el espacio como taller. Sin embargo, todos los residuos llegaban a la arena y cuando las personas se acuestan en ella, se convierte en una molestia.


 



En la Osa, Fermín recorre las playas de Huatulco. FOTO: Giovanna Martínez

 


Guía de turista y pescador


La Osa descansa en el muelle de Santa Cruz. Mientras, Fermín intenta convencer a los turistas que la aborden y lo logra. La pareja que aborda a La Osa viene de Veracruz, después de un día de viaje por la vía Oaxaca-Pochutla, no quieren saber nada de esa “carretera del infierno”, dicen.


Enciende el motor; Fermín, en su papel de guía de turistas, indica cuando se observan las playas El Pescador, Playa Marinero, Fandango, del Amor, Punta Paraíso; los años han hecho que las palabras con el característico acento costeño, se escuchen con total naturalidad.


En el extremo del barco, junto al motor, dos cañas de pescar están listas para atrapar a los peces. Una hielera en el piso de La Osa demuestra que es una actividad común para Fermín. La embarcación avanza sin contratiempos y los turistas muestran su admiración por las playas oaxaqueñas.


Luego de algunos minutos, la alarma de la caña se enciende y Fermín apaga el motor; un pez picó y necesita concentración para atraparlo; luego de tomar la caña y con maestría comienza a tirar, en unos cuantos minutos un barrilete de cuatro kilos hace presencia y va rápidamente a la hielera.


Pronto, la otra caña detiene a su presa; es momento de que el turista demuestre sus dotes de pescador y de aprendiz; no le va tan bien, pero después de unos cansados y tediosos minutos, logra atrapar a su propio barrilete.


Luego de varias playas visitadas y una pesca productiva, La Osa regresa a su lugar de descanso, al menos mientras Fermín consiga nuevos clientes para que salga a conquistar el Océano Pacífico de nuevo.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.